Los escorpiones que vencieron al tiempo

  • Los fans de Scorpions vibran con el concierto de la banda alemana en la Plaza de Toros, con los suecos Sabaton y Medina Azahara como teloneros

Después de más de 40 años de carrera anunciaron su retirada, un último disco y una última gira, pero no todos sus fans se creyeron aquel comunicado en su página web. Efectivamente, fue una falsa alarma. Han seguido cumpliendo años y ya llevan 51 de trayectoria, y embarcados en una larguísima gira por el mundo ayer protagonizaron la velada con más decibelios del Festival de la Guitarra. Después de la calurosa tarde la noche se llenó de picaduras de escorpiones y cada una de las casi 9.000 personas que asistieron al concierto se llevó su ración.

Allí estaban Klaus Meine, Rudolf Schenker, Matthias Jabs, Pawel Maciwoda y Mikkey Dee, después de un largo preludio en el que Sabaton y Medina Azahara se encargaron de calentar (aún más) el ambiente. Los suecos Sabaton con su aire militarista y sus canciones sobre guerras, los cordobeses con la solvencia y el magnetismo de costumbre, llamando a base de acordes a las puertas del cielo.

Medina es banda veterana, pero cuando nació los escorpiones ya eran adolescentes. De aquellos 70 rescataron ayer varios temas en un concierto en el que no quisieron olvidar su más reciente trabajo, Return to Forever, con Going out with a bang o We built this house. Pero las más disfrutadas por el público (había numerosos espectadores procedentes de otras ciudades) fueron los clásicos como Wind of change, del álbum de comienzos de los 90 Crazy World, o la más antigua (incluida en Animal Magnetism, de principios de los 80) Make it real.

Camisetas de Scorpions y otros grupos, gorras, banderas (una de España dedicada a Sabaton), ambiente de gran tarde-noche de rock, público de todas las edades y condiciones, con gran presencia de rockeros de toda la vida con ganas de ser picados. Un fan exhibe un mensaje: "Scorpions, immer in meinem", con un corazón dividido en dos partes pintadas con los respectivos colores de las banderas alemana y española.

Evocaron la neoyorquina calle 42 con The Zoo, también de Animal Magnetism, ante unos fans entregados, tuvieron sus momentos instrumentales y sugerentes medleys, incursiones íntimas y mucha electricidad, con una puesta en escena que encantó al personal. Sus picaduras son mensajes de esperanza. Ayer dejaron en Córdoba un veneno necesario.

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