"No se entiende la literatura sin cuentos ni el cine sin cortos"

  • El director ambienta en un Primer Mundo sin agua su último trabajo, el mediometraje 'The end', un western de tono dramático

El tercer trabajo del cineasta madrileño Eduardo Chapero-Jackson retrata a una familia media norteamericana que se ve obligada a luchar por su supervivencia en una nación cada vez más desgarrada por la escasez de agua. Este futuro apocalíptico, "más cercano de lo que parece", es el eje sobre el que discurre The end (Prosopopeya Producciones). Con un rodaje realizado íntegramente en Almería, Chapero-Jackson cree que esta producción puede ser una forma de "revitalizar" el pasado glorioso del desierto del oeste andaluz. La cinta recibió una buena acogida en el festival Almería en corto.

-¿Cómo surge la idea de The end?

-El germen es un premio del festival Almería en corto, que se da a la mejor producción española del año para rodar un western en Almería. Lo ganamos con mi anterior cortometraje, Contracuerpo. Con The end, he intentado entender la naturaleza dramática del género y ver de qué forma podía ser relevante hoy en día, sin hacer una pieza de época, con indios y vaqueros. Me encontré con que fue un periodo de la Historia muy extremo en torno a una sociedad que vivía en equilibrio con la naturaleza, por algo se llamó el salvaje Oeste. Eso me dio una pista del enfoque para trasladar a la actualidad en qué circunstancias podíamos ver esas confrontaciones. En este caso, el conflicto social nace en torno al agua.

-¿Es un producto del boom mediático sobre el cambio climático?

-No está hecho como una tesis sobre eso. Obviamente, cuando estás creando una historia que puede aportar algo útil a la sociedad te das cuenta del valor de la vida, del hecho de abrir un grifo y que salga agua. Es un milagro.

-¿Por qué un reparto internacional?

-Lo de rodar en inglés fue para seguir la tradición de las producciones de Hollywood en Almería. Era una forma de rendir homenaje a películas rodadas allí, como Lawrence de Arabia o Indiana Jones y la última Cruzada. Por otra parte, también quería destacar que esos conflictos sociales, propios del Tercer Mundo, se podrían dar en el Primer Mundo. He querido hacer una historia muy universal que ocurriese en el seno de Estados Unidos. Sobre el reparto, pensamos que contar con actores angloparlantes era lo que más convenía y hemos tenido la suerte de trabajar con Shaheen Baig, que estuvo en el equipo del casting de Los otros de Alejandro Amenábar.

-Ahora ha tocado el tema del agua. Con Alumbramiento fue el de la muerte. ¿No son temas muy hondos para condensarlos en un minutaje tan corto?

-Cuando escribo un guión no me planteo si va a ser más profundo o no. Alumbramiento, por ejemplo, surge de mi experiencia tras la muerte de mis abuelos, es lo que vi que pasaba con la muerte.

-Alumbramiento ha sido galardonada por la Academia del Cine Europeo y es León de Oro en el Festival de Venecia. ¿Qué valor tienen los premios para usted?

-Lo de Alumbramiento ha sido apabullante, un sueño. Anímicamente, los premios ayudan a seguir adelante.

-Después de la polémica de la última gala de los Goya, ¿en qué momento se encuentra la Academia con el sector del corto?

-La crisis del año pasado fue muy útil y montamos una plataforma coordinadora del cortometraje. La Academia reaccionó, nos escuchó y volvió a poner a los cortos dentro de la ceremonia. Este año nos hemos estado reuniendo con la Academia para modificar las bases de selección porque no eran representativas. Por ejemplo, ahora hay un límite de 20 minutos por corto que no tiene mucho sentido.

-¿El paso natural de los cortometrajistas es el largo?

-Lo es pero no necesariamente. Hay directores que hacen sólo cortos. Quiero dirigir largos, pero no he hecho cortos para dirigir largos. Los cortos son un ente como tal, un formato precioso que da una libertad creativa que los largos no te dan porque están atados por razones económicas, comerciales... Los cortos son al cine como los cuentos a la literatura. No se entiende la literatura sin los cuentos de Poe, Cortázar, Borges o Carver. Ni el cine sin cortos.

-¿Cómo se puede acercar el mundo de los cortos al gran público?

-Lo increíble de España es que hay una red de festivales de cortos muy amplia y muchos de ellos muy populares. Lo que pasa en los cines es que el espacio que había antes para los cortos lo han ocupado ahora los tráilers de las distribuidoras. Eso es legítimo, pero han quitado ese espacio que era del corto. Creo que con las televisiones digitales a la carta, dentro de poco podrá haber una oferta amplia para que cada uno en su casa pueda ver los cortos que quiera, cuando quiera.

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