Un libro dibuja el perfil de Bob Dylan a través de más de 30 entrevistas

  • Global Rhythm publica en España la obra de Jonathan Cott 'Dylan sobre Dylan'

"Elusivo, oblicuo, voluble y siempre en movimiento"; así define a Bob Dylan el escritor Jonathan Cott, que ha recopilado en un libro 31 entrevistas "memorables" realizadas al cantautor norteamericano durante casi 40 años.

Dylan sobre Dylan (Global Rhythm) pretende profundizar en uno de los personajes más complejos de la historia de la música, que, como recuerda Cott en la introducción del libro, "se ha resistido tanto en su vida como en su trabajo a ser categorizado, encapsulado, fijado, convencionalizado, canonizado y deificado".

Un artista escurridizo que ha proclamado que puede "entender la avaricia y la lujuria" pero no "los valores de la definición y el confinamiento".

Dylan confirma su fama de esquivo en las entrevistas reunidas en este extenso volumen, pero en ellas deja también algunas frases para enmarcar sobre su vida y su trabajo de intérprete y compositor.

"Cualquier cosa en la que valga la pena pensar merece ser cantada", afirmó el músico en una entrevista radiofónica en 1963, cuando contaba 22 años y acababa de iniciar su carrera como cantante de folk.

Luego abandonó ese género a mediados de los 60, le llamaron Judas por ello y pasó los años respondiendo a preguntas sobre los motivos que le llevaron a cambiar su sonido.

"A mí me iba muy bien, sabes, cantando y tocando la guitarra. Iba sobre seguro. Y me estaba empezando a aburrir", confesó a Paul J. Robbins en 1965.

En una de estas entrevistas, Robert Zimmerman desmiente que el origen de su nombre artístico se deba al poeta Dylan Thomas.

"Me quedé con Dylan porque tengo un tío que se llama Dillon. Cambié la grafía únicamente porque quedaba mejor. He leído algo de Dylan Thomas y no es como lo que yo hago", explicó al Chicago Daily News en 1965.

Bob Dylan nunca aceptó el papel de guía espiritual que trataron de imponerle. "Esa posición la podría ocupar otro. Yo me dedico a la música, tío", le dijo a Jann S. Wenner en 1969. Cuatro años antes ya había tratado de zanjar el debate en una célebre rueda de prensa en San Francisco.

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