El congresista en su laberinto

Thriller, EEUU, 2011, 100 min. Dirección y guión: George Nolfi. Fotografía: John Toll. Música: Thomas Newman. Intérpretes: Matt Damon, Emily Blunt, Anthony Mackie, Terence Stamp, Daniel Dae Kim, Shohreh Aghdashloo, John Slattery. El Tablero.

Cruce entre el idealismo de las fábulas de Capra, la ciencia-ficción conspiratoria de la guerra fría, la comedia romántica y la estética vintage a lo Mad men, Destino oculto adapta una novela corta de Philip K. Dick (Blade runner, Desafío total) para proponer una revisión de viejos asuntos como el libre albedrío, el debate entre la razón y el corazón y la mismísima existencia divina bajo la apariencia de un thriller laberíntico.

En su epicentro, el modélico Matt Damon interpreta a un congresista cuya meteórica carrera política se ve truncada por una indiscreción. No se trata, empero, de mala suerte. La suya es una vida programada por una entidad superior encarnada en una patrulla de elegantes hombres con chaqueta y sombrero que parecen salidos de las oficinas de la Avenida Madison. Cuando el azaroso amor haga acto de presencia, se iniciará una carrera entre dos universos paralelos destinada a desafiar el programa establecido en aras de la libertad y el romanticismo más clásico.

Escrita y dirigida por George Nolfi, guionista de la saga Bourne, Destino oculto irrumpe con un cierto anacronismo en una época en la que la ciencia-ficción con mensaje discurre por asuntos y estéticas más complejos y sofisticados. Da la sensación de que se apuesta aquí por mantener el espíritu pulp del original, anclado en una década (los años 60) cargada de esperanzas truncadas (léase Kennedy), bajo unas formas en las que el alarde tecnológico no le reste protagonismo al meollo de la fábula. Nolfi apenas acierta a poner en escena su guión de manera plana, mostrándose incapaz de traducir en imágenes sugerentes el sustrato filosófico o la imaginería escenográfica que tiene entre manos. Así, su película apenas sobrevuela con una corrección anestesiante unos materiales que, por otro lado, habrían dado lugar a peregrinas discusiones de cine-club hace dos o tres décadas.

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