El buen momento de El Pele

Las tonás de Poeta de esquinas blandas dieron el aldabonazo a un espectáculo en el que la primera imagen fue la del bailaor Fran Espinosa estilizando figura para conferir imagen a la desnuda toná con un ensimismado y evocador baile. Y El Pele pasando de las tonás a las soleares de Córdoba, asentando entonación e imbuyéndose en el espacio musical de la soleá apolá. Cómodo en tonalidades bajas, paladeando cada tercio, El Pele hizo y deshizo a su antojo -como en tantos otros cantes-, sin perder en ningún momento referencias ni autenticidad estilística. Su estupenda condición de voz le permitió desenvolverse por una holgada tesitura de registros, transmitiendo templanza y flamencura de agradecer, más en los tiempos que corren. Ya metido en faena entró de lleno en el universo de la seguiriya, que tanto le motiva; rememoró al Ciego la Peña, Junquera o Manuel Molina entre otros clásicos y obligados referentes. Ciñéndose a los exigentes cánones no dejó de aportar personales inflexiones expresivas, acentuando aún más el carácter dramático de estos estilos, sin perder el equilibrio sonoro, rehuyendo de la fácil truculencia de la que siempre se puede estar tentado.

Lleva tiempo El Pele ensayando nuevas propuestas en malagueñas, filtrando estilos, refundiéndolos para exponerlos de manera personal. Esta actitud le permite bastante juego para el adorno de su voz a partir de melodías innovadoras. Al ser una apuesta personal y arriesgada también se trata de uno de los cantes de su repertorio difícil de digerir para el aficionado, aunque hay que partir de la posición del cantaor, de su intención. No faltó este cante, pero sin la variedad y el contenido de otras ocasiones.

Las alegrías resultaron un interesante compendio de las que este cantaor ha grabado, patentizando un particular aire rítmico y musical. El Pele dicharachero, pródigo en detalles melódicos y rompedor al incluir como contrapunto, en el desarrollo de las alegrías, una guajira de Marchena acompañada con arpa. No faltó la bulería, escueta y sin atosigamiento, sólo precisión para el lucimiento artístico. Con el tema Alfonsina y el mar se entró en el tramo final; El Pele acompañado de nuevo por el arpa y mostrando su capacidad para cantar lo que se le antoje y bien, sin perder la compostura flamenca que se acrecentó en la zambra. Durante todo el concierto se mantuvo un acoplamiento ideal de cante y guitarra, gracias a Manuel Silveria y Patrocinio Hijo. Silveria manteniendo un tempo musical donde la sugerencia adquirió inusitada brillantez, silencios y acordes armonizados de gran calado. Patrocinio tuvo protagonismo como solista con una vigorosa taranta, de rigor musical y concepto moderno. En el bosquejo de fin de fiesta, a manera de bis, Fran Espinosa hizo de nuevo valer su baile, como en alegrías y bulerías, visualizando la palpitación del compás, en un natural ir y venir de animosos movimientos.

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