Virtuosos de la guitarra

Programa: Isaac Albéniz, 'Asturias', 'Granada', 'Rumores de la Caleta', 'Torre Bermeja', 'Córdoba', 'Sevilla'; Francisco Tárrega, 'Preludio n. 1', 'Lágrima', '¡Adelita!', '¡Marieta! Mazurca en sol', 'Danza mora', 'Tango María', 'Endecha', 'Rosita', 'Capricho árabe', 'Gran jota'. Fecha: jueves 8 de julio. Lugar: Teatro Cómico Principal. Lleno.

Menos diversificada e imaginativa que la dedicada a la música pop, la programación, digamos, culta del Festival de la Guitarra arrancó el pasado jueves con un magnífico recital de Pepe Romero. Era el homenaje que el maestro preparó para conmemorar el año pasado los 100 transcurridos desde la muerte de los dos compositores que llenaron su actuación: Albéniz y Tárrega.

Isaac Albéniz (1860-1909), como es bien sabido, no compuso para la guitarra, aunque su música pianística parece influida por el instrumento español por antonomasia, y ha sido objeto de tantas transcripciones e interpretaciones que piezas como la que abrió el recital del jueves (Asturias) resuenan en el imaginario colectivo tan de guitarra como las del otro protagonista de la noche. En efecto, Francisco Tárrega (1852-1909) fue un extraordinario guitarrista y, como compositor, una muestra de que el genio musical puede manifestarse también en los géneros que la historia de la música ha dado en considerar menores, como la llamada "música de salón", en la que se insertan también, por otra parte, muchas piezas del genial Albéniz.

Ambos autores unieron la música del período romántico en que nacieron con las del Nacionalismo (y otros ismos) entre las que se desenvolvió su madurez, encontrando la fórmula que propició la mejor aportación hispana a la música desde el Renacimiento. Y el jueves tuvieron la suerte póstuma (la música, para serlo, necesita intérpretes) de caer en las manos del mago de la guitarra Pepe Romero, manos capaces de volver fáciles los pasajes más endiablados y andar todavía sobradas para buscar la emoción y la poesía. Un público conocedor aplaudió entregado cada interpretación y arrancó dos propinas que prolongaron un ya de por sí generoso recital: Fantasía cubana de Celedonio Romero y, antes, Recuerdos de la Alhambra, sin cuyo concurso (como recordó el intérprete al anunciarla) cualquier homenaje a Tárrega quedaría incompleto. Si es que lo necesitara verdaderamente un autor cuya música ha anunciado mortadelas (la obra del bis), acompañado a Shakira (Capricho árabe) e incluso anda sonando en cientos de miles de teléfonos móviles (Gran Vals) con la famosa Nokia tune. Lástima que no fuera de esa marca el que sonó en la segunda parte rompiendo por un instante la magia del momento. Hubiera sido un guiño para animar a todos (público, organizadores e intérpretes) a repensar qué es lo clásico y qué lo pop.

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