"Todavía hay fantasmas cuando se habla de la Guerra Civil"

  • El escritor cordobés, aunque residente en Los Pedroches, presenta esta noche en la Delegación de Cultura de la Junta su primer libro de relatos, 'Los que miran el frío'

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Francisco Onieva, conocido hasta ahora por su obra poética, ha debutado en la narrativa con Los que miran el frío (Ediciones Espuela de Plata). El escritor cordobés, nacido en 1976 en la capital aunque residente en Los Pedroches, reflexiona sobre la Guerra Civil a lo largo de nueve relatos ambientados en Retamar, una localidad ficticia inspirada en Villanueva del Duque, y en la que conviven personajes ficticios con otros reales como el teniente coronel Pérez Salas o los poetas Miguel Hernández y Pedro Garfias. Onieva presenta su obra esta noche en la Delegación de Cultura de la Junta (C/ Capitulares, 2) a partir de las 20:00, acto que será presentado por el escritor y periodista Francisco A. Carrasco.

-Isaac Rosa escribió un libro que se llamaba Otra maldita novela sobre la Guerra Civil. Da la sensación de que a los autores de su generación, pese a lo mucho de que se hablado de que el tema puede resultar reiterativo, les sigue despertando un hondo interés esta etapa de la historia española .

-Los escritores de mi edad, pues no me gusta utilizar el término generación, hemos nacido en una democracia y por ello debemos tener un compromiso ético con esta parte de nuestro pasado y tratarlo sin prejuicios ni fanatismos. De siempre me ha fascinado la Guerra Civil por las viscerales historias de supervivencia que encierra. También ha influido, lógico, mi cambio de residencia a Los Pedroches, donde he entrado en contacto con personas mayores que la sufrieron en primera persona. He pasado largas horas de conversación con ellas, en las que escuchaba como amigo y no como escritor, y han contribuido a crear la atmósfera del libro, la encarnadura de algunos personajes y la textura del frío que los obliga a actuar de una determinada manera al tiempo que condiciona su visión del mundo. Han contribuido a que los relatos resulten verosímiles. De todas ellas debo destacar a Josefa Granados Medina, la abuela de mi mujer, que con 95 años tenía una habilidad singular para hilvanar los recuerdos. A ella está dedicado todo el libro; la pena es que no ha podido verlo publicado.

-Los que miran el frío es una imagen que resume bien de lo que habla su obra, de todos aquellos que perdieron la guerra, la inmensa mayoría, incluso los del bando ganador. ¿Cómo llegó a ella?

-En cualquier guerra siempre les toca perder a los mismos. Basta con encender la televisión o abrir un periódico para comprobarlo. Lo que intento es simbolizar esta evidencia y habría que conectarla con el simbolismo de mi último poemario, aún a la espera de ser publicado tras ganar el Premio Cáceres, Las ventanas de invierno. Ambos libros nacen del mismo impulso: el respeto y el contacto con una serie de personas mayores, con sus recuerdos y sus problemas. En ambos libros he recurrido a la imagen del "invierno" y del "frío" para reflejar la esencia de estos seres fracturados, ya sea por el natural paso del tiempo, en el caso del poemario, ya sea por las bruscas condiciones generadas por un conflicto bélico.

-Me gusta mucho el último relato, que da título al libro. Habla de lo ambiguo de toda vida. Estar en un bando o en otro da la sensación de que fue a menudo cuestión de azar.

-Sin lugar a dudas. Hubo gente que combatió convencida de las ideas que defendía, fuesen del signo que fuesen; pero a un gran número de personas la guerra les pilló sin más motivo que el azar en un bando determinado. Los primeros darían lugar a un libro de tono épico y laudatorio, pero a mí me interesaban más los segundos por las contradicciones interiores, por la desorientación y la sensación de estar fuera de lugar con la que tuvieron que convivir. El protagonista de este relato es un soldado republicano que ha perdido la memoria y que por azar es confundido y vive otra vida que no es la suya, la de un soldado nacional que regresa en loor de multitudes a su pueblo; pese a ser una situación cómoda, acaba desmoronándose al intuir quién es.

-Hace unos años se montó una polémica porque crearon un videojuego bélico ambientado en la Guerra Civil, lo que da muestra de la dificultad que existe para mirar el conflicto desde una perspectiva que no sea ética o histórica. ¿Estamos preparados para que la guerra pueda ser una ambientación para obras puramente lúdicas?

-Nos queda mucho que avanzar. Una sociedad que no es capaz de asumir su pasado tal y como sucedió no puede mirar al futuro con optimismo. Nosotros aún tenemos muchos fantasmas al hablar de la Guerra Civil y de la dictadura y hasta que no seamos capaces de analizarlos sin partidismos ni fanatismos no seremos capaces de superarlos. Es obvio, y legítimo, que al tratar determinados temas, entre ellos el de este libro, el lector exija cierto posicionamiento ético del escritor, pero no apreciar que una obra literaria queda dentro del terreno de la ficción es un error que impide disfrutar de la lectura y apreciar sus valores estéticos.

-¿Qué rasgos de su poesía cree que persisten en su narrativa?

-La narración debe ser narración y no un desahogo lírico. Al lector hay que contarle una historia y con esa premisa escribo. No obstante, es obvio que hay rasgos comunes entre mi poesía y mi narrativa. El hecho de que sean relatos me ha permitido trabajar cada uno de ellos de un modo similar a como abordo un poema. Después de plantear la historia, definir el punto de vista desde el que contarla y trazar los personajes me he afanado en pulir la frase, en buscar la palabra exacta y colocarla en el sitio preciso. He trabajado cada relato con conciencia de orfebre. Además, mi forma de entender el libro de poemas como un todo unitario la he extrapolado al conjunto de estos nueve relatos, que pueden leerse individualmente o como una obra coral: hay personajes que transitan por diversos relatos, se establecen paralelismos entre las acciones y entre las personalidades de algunos protagonistas, se repiten diversas imágenes; toda la obra gira en torno a Retamal, un pueblo que, aunque inspirado en Villanueva del Duque, es una síntesis de todos los pueblos que sufrieron el conflicto, se hace alusión a los mismos hechos históricos y ficticios, se repiten pequeños detalles… Ahora deben ser los lectores los que juzguen.

-¿Qué será lo próximo: poesía o narrativa? Tengo la sensación de que en sus relatos existe la pulsión del novelista. ¿Habrá novela?

-Ahora mismo trabajo en dos proyectos: un libro de poesía en que abordo el tema de la paternidad, cuyos primeros poemas los inicié cuando mi mujer estaba embarazada de mi hija mayor, que acaba de cumplir cuatro años. El otro es un libro de microrrelatos con el que de momento tan solo busco divertirme al escribirlo. Es cierto que en mis relatos hay un gusto por desarrollar las complejidades interiores de los personajes. Lo lógico es que termine escribiendo alguna novela, pero, convencido como estoy de la síntesis, de la exactitud y de la sugerencia, no creo que escriba una de 500 páginas.

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