Telepredicadores de la revolución

Definitivamente, lo que ocurre durante la representación de Marat-Sade, la última propuesta de Animalario, es un caramelo sustancioso -de esos que tienen en su corazón un relleno sabroso- envuelto en un celofán colorista. La obra, llena de humor y anécdotas, conduce al espectador por los derroteros de la reflexión en temas como el sentido de las guerras, la razón, el amor o la sinceridad o los nacionalismos.

La historia, escrita por el dramaturgo alemán Peter Weiss, es una balanza de argumentos a favor y en contra de la revolución (en este caso la francesa pero extrapolable a cualquier época y lugar) que van desarrollando los dos personajes principales, magníficamente interpretados por Pedro Casablanc (Juan Pablo Marat) y Alberto San Juan (el marqués de Sade).

Ambos son inquilinos de la Casa de Salud de Charenton, un sanatorio mental donde las principales armas de defensa (las dialécticas) derrotan con facilidad las consignas racionalistas de la doctora Coulmier (Luz Valdenebro). La clave está en saber coger los micrófonos del escenario y contar y cantar, a modo de telepredicadores, las consignas de una ansiada revolución que... ¿a dónde conduce?

La música en directo se convirtió en otro de los principales atractivos del espectáculo -también hoy en cartel- que sirvió para dar agilidad y fantasía a la obra, anormalmente asediada en el escenario por un auténtico batallón de actores (16 en total), una propuesta difícil de ver en gira por España. Y como pregonero de excepción, el redondo (tanto por la barrigota que tanto airea en el escenario como por su fuerza interpretativa) Pepe Quero. El granadino, que ya buceó en la locura en su genial obra El mundo de los simples, encaja como nadie en su papel de narrador.

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