Remeda que algo queda

Con Llamada perdida uno ha perdido ya la cuenta de los remakes norteamericanos de películas japonesas de terror que se han estrenado en las últimas temporadas. No sólo la cuenta, sino los matices que distinguen unos de otros, éstas de aquellas.

El que ahora nos ocupa tenía al menos un interesante punto de partida argumental en su original nipón, dirigido por el prolífico y todoterreno Takashi Miike. A saber, su película convertía los teléfonos móviles en el elemento perturbador y siniestro a través del cual se transmitía el terror y la muerte, acechante siempre entre señoritas universitarias de faldas cortas más curiosas de la cuenta.

A partir de ahí, no crean, todo iba cuesta abajo, en la sucesión de escenas prefabricadas con los mismos ambientes artificiales, los mismos fantasmas vengadores, los mismos golpes de efecto y las mismas resoluciones sobrevenidas y tramposas.

Esta nueva versión norteamericana, dirigida por un francés (Eric Valette) y protagonizada por la pareja de guapitos Shannyn Sossamon y Ed Burns, nada nuevo ni bueno añade al filme original, a no ser una rebaja considerable de la sugestión para un espectador avisado que sólo puede esperar, iluso él, que un alma piadosa, un amigo, una amante, una novia incluso, lo llame al móvil para darle una buena excusa para salir pitando de la sala.

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