El legado de Ramón Medina Ortega: un homenaje póstumo

  • El Ayuntamiento colabora con el colectivo entreCulturas en un proyecto de investigación para reunir, catalogar y divulgar la obra del compositor en el 50º aniversario de su muerte

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Aunque nació en la provincia de Guadalajara, Ramón Medina Ortega (1891-1964) se afincó en Córdoba cuando tenía apenas 10 años. La ciudad que le acogió se convirtió para él en una de sus principales inspiraciones artísticas, haciéndola protagonista de la mayoría de las canciones populares que compuso y que se convirtieron, asimismo, en piezas maestras que no podían faltar en romerías, peroles y fiestas tradicionales de la Córdoba más cañí. De su autoría pesan en el cancionero composiciones como Flores en el pelo, Serenata a la Mezquita o el pasodoble A la mujer cordobesa, clásicos que se cantaban en todas las reuniones de amigos allá por los años 50.

Si bien años después de su fallecimiento han visto la luz diversas publicaciones acerca de su figura, aún queda mucho de Ramón Medina Ortega por descubrir tanto en lo artístico como en lo humano. Y esa es la labor que pretende completar el colectivo de gestión cultural entreCulturas con el proyecto de investigación que, en colaboración con el Ayuntamiento, vienen desarrollando a lo largo de los últimos meses de cara a conmemorar el 50º aniversario del fallecimiento del compositor con un homenaje merecido. El objetivo de este colectivo es recopilar todo el material que sea posible sobre el compositor para estudiar, catalogar y difundir su legado patrimonial y humano.

El 1 de noviembre se cumplirán 50 años de la muerte, en 1961, de quien el teniente de alcalde de Cultura, Juan Miguel Moreno Calderón, calificó como "un icono de la música popular cordobesa". Ramón Medina Ortega encontró en la música una vocación que no llegó a convertirse en dedicación, ya que desarrolló diversos oficios que no tenían que ver con la música, según reseñó ayer Moreno Calderón durante la presentación del proyecto. Sus canciones -"la banda sonora de la Córdoba de una época"- solían cantarse por todas partes, una tradición que hoy vive horas bajas entre la gente joven. Precisamente esa es la otra línea de trabajo en la que se empleará el colectivo entreCulturas una vez haya recabado y catalogado toda la información posible: la presidenta del colectivo, Montse Alcántara, afirmó que el fin del proyecto es "llevarlo a los centros educativos" para "preservar y transmitir a otras generaciones" la figura de un personaje tan importante en la tradición popular cordobesa.

Para tan exhaustivo estudio, el colectivo entreCulturas está realizando un inventario completo de todo lo que ya se conoce sobre el compositor. Pero no basta con eso: tanto o más que lo que ya está en su mano importa lo que aún se desconoce, lo que aún no ha sido descubierto ni estudiado. Con este objetivo el equipo que preside Alcántara precisa de la colaboración no solo de las instituciones, sino también de las personas que rodearon a Ramón Medina en vida.

Vecinos, familiares, miembros de la Peña El Limón, que él mismo fundó y que solía reunirse en el Bar El Pancho, en San Agustín. Los testimonios orales de estos individuos están ayudando a configurar una imagen cada vez más nítida tanto de la persona como del personaje que fue -y que sigue siendo en la mentalidad popular- el autor de La cuesta del Reventón. Alcántara aseguró que la buena disposición de estas personas ha permitido que ya cuenten con mucho material, sobre todo manuscrito y fotográfico, inédito y de particular relevancia.

El proyecto en total prevé un coste de 9.000 euros de los que la Delegación de Cultura, a través de la convocatoria anual de subvenciones de libre concurrencia, asume algo menos de un 50%. Asimismo, Moreno Calderón aseguró que el 1 de noviembre está prevista la celebración de un acto para recordar a Ramón Medina Ortega en el 50º centenario de su fallecimiento. Este homenaje, que se celebrará en San Agustín, contará con la presencia de los colectivos relacionados con el compositor, al que un día Rafael Castejón y Martínez de Arizala -"el último sabio cordobés", según Moreno Calderón- definió como "un bardo de la cordobesía", ejemplo de que también el cordobés puede nacer donde le dé la gana.

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