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Orhan Pamuk: pico y pala

  • El Nobel turco presenta en España 'La mujer del pelo rojo', una novela que en clave moderna remite al mito de Edipo y a las fábulas del Oriente persa

El escritor turco Orhan Pamuk, el pasado día 5 en la sede de la Fundación Telefónica, en Madrid. El escritor turco Orhan Pamuk, el pasado día 5 en la sede de la Fundación Telefónica, en Madrid.

El escritor turco Orhan Pamuk, el pasado día 5 en la sede de la Fundación Telefónica, en Madrid. / m. g.

En su última novela, recién presentada en España, el Nobel turco Orhan Pamuk (Estambul, 1952) coge el pico y la pala. Decía Heráclito que si la verdad se halla en algún sitio, tal vez esté en el fondo de un pozo. Al acabar la novela sabemos que en el vientre de la tierra existe otra conjura, la de un firmamento invertido. Y existen ahí abajo tantas estrellas fugaces como leyendas entreveradas, pasajes de la Biblia, fábulas del Oriente, aleyas del Corán, mitos griegos. Incluso, dice Pamuk, Las mil y una noches están llenas de pozos. A Borges, con su ceguera de pozo seco, le habría encantado escucharlo.

La mujer del pelo rojo(Random House), la novela que acaba de publicar el autor, nos mete de lleno en el hoyo. Cuenta la historia entre el maestro pocero Mahmut Usta y su aprendiz, un adolescente llamado Cem Çelik. El joven, aspirante ingenuo a escritor, se convertirá con los años en ingeniero geólogo y exitoso empresario. Mientras ambos cavan el suelo en busca de agua a las afueras de Estambul, el destino dibuja su muesca. Entre maestro y pupilo se establece una relación filial: el padre que enseña al hijo.

"Escribir es como cavar con una aguja, requiere de mucha lentitud", dice el autor

Pamuk da un giro -"mis personajes son posmodernos", dice- y conecta mito y realidad. De fondo se refleja el complejo avatar de la Turquía que va de 1985 hasta casi hoy mismo. Su relato lo enlaza con el Edipo de Sófocles y la versión que Freud ofreció de la tragedia griega a través de la brumosa liana de los sueños. A la vez, como fábula que brilla sobre la escarcha de Oriente, Pamuk también aporta la tragedia de Rostam y Sohrab, incluida en el Shanahmeh de Ferdousi, la gran epopeya persa. En Edipo es el hijo quien mata al padre (parricidio). En la fábula de Rostam y Sohrab es el padre quien mata al hijo (filicidio). Ambos lo hacen sin saberlo.

En La mujer del pelo rojo el escritor ha intentado que la literatura refleje "el péndulo que hace que las grandes ideas de siempre lleguen al hoy y el ahora". Y este péndulo, como el de su admirado Poe, va y viene sobre el incesto, el crimen, la culpa, la aflicción, el destino. Todo ello se inserta social y políticamente en Turquía y Estambul, "la parte del mundo en la que vivo". En este sentido, por ser un escritor que sugiere alegorías sobre el diorama de un espacio concreto (Estambul), su obra podría asemejarse a la del rumano Mircea Cartarescu, Premio Formentor y candidato al Nobel. Si Pamuk es Estambul, Cartarescu es Bucarest.

Dice el escritor turco que concibió esta novela en 1989. Andaba escribiendo el que muchos consideran una pieza de culto: El Libro Negro. En una parcela aledaña al edificio donde escribía, conoció la obra de un pocero con su ayudante. Por la mañana el maestro azuzaba y gritaba al chico. Por la noche, en horas de relajo, se mostraba compasivo. "A mí me faltó esta figura paterna", confiesa el autor. Pero Pamuk no ajusta cuentas respecto a su padre ausente, gran lector y librepensador. De hecho en La maleta de mi padre, que recoge el discurso de recepción del Nobel, el autor homenajeó sentidamente a su progenitor.

Volvemos al pozo. Existe un dicho popular en turco que remite a la idea de cavar un pozo con una aguja. "Para mí, escribir es como cavar con una aguja, requiere de mucha lentitud". Esta idea también venía sugerida en la citada La maleta de mi padre. El pozo de la novela pamukiana lleva a otras historias de agujeros milenarios. Entre ellas, la bíblica sobre el profeta José. Sus hermanos, celosos por el favoritismo de su padre Jacob hacia José, acaban metiéndolo en un pozo hasta decidir qué hacer con él. Aquí, en concreto, el pozo que Mahmut Usta está cavando para hallar agua se halla en un terreno alto. "Erigid vuestras casas en un lugar elevado", dice el Corán. El maestro orienta al pupilo y convierte el Corán en fábula literaria.

No todo en la novela ha sido hallar agua entre pliegos de leyendas milenarias. Pamuk se ha documentado sobre el respetado oficio de pocero. Desde Bizancio el pocero ha estado envuelto en un halo de chamán, de místico. El agua traía civilización y prosperidad a Anatolia. "Me he documentado mucho y me he convertido en un experto en la materia", asegura el Nobel. Zahorí de biblioteca, Pamuk dice que al documentarse en sus novelas se está "convirtiendo en periodista y antropólogo". "Me atemoriza y me gusta a la vez. Así voy dando vida al Poe que llevo dentro", confiesa.

La mujer del pelo rojo refleja también la indocilidad de la mujer turca moderna frente al peso mórbido de la tradición. El título alude a una actriz de teatro popular que se tiñe el pelo de rojo por voluntad. Al final es ella quien toma la voz narradora en el relato y es a través de ella como conoceremos quién está contando la historia en realidad. Flirteo entre espejos. La identidad que suplanta a la otra. El escritor real y el escritor alterno que se ve desde fuera. He aquí el giro, la vuelta de tuerca. Pamuk en forma.

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