'El cerco de Numancia' reflexiona sobre la resistencia frente al poder

  • La compañía Verbo Producciones lleva hoy al Gran Teatro su versión de la obra de Cervantes

El cerco de Numancia, obra teatral de Miguel de Cervantes, llega hoy al Gran Teatro (20:30) a través del montaje realizado por Verbo Producciones, en versión de Florián Recio y dirigido por Paco Carrillo. Se trata de un texto poco representado que, sin embargo, en la propuesta de la compañía extremeña transmite al espectador emoción, brillantez y la calidad de un trabajo bien hecho. Aclamado en el último Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida -donde cerró el pasado año la programación de la 61ª edición con una magnífica acogida-, el espectáculo, que clausura el ciclo teatral Oh! Clásicos, ha obtenido, entre otros, los premios Ceres de Teatro 2015 del Público y de la Juventud.

El texto cuenta el episodio histórico de la resistencia de los numantinos ante el prolongado asedio de los 80.000 hombres a las órdenes de Escipión que, en nombre del imperio romano, pretenden apoderarse de la ciudad. Lo conseguirán, finalmente, pero no podrán tomar ni un solo prisionero: todos los habitantes de Numancia se han suicidado, anteponiendo su sacrificio a la rendición o la derrota.

El cerco de Numancia habla, así, de la heroica lucha contra la invasión , la humillación y la injusticia de un pueblo que se siente arrollado por el poder militar de Roma. Durante los 20 años que duró el asedio de la ciudad, un hecho que incluso avergonzaba profundamente a todos los romanos, los celtíberos opusieron una resistencia que se convirtió en un mito en la Historia y que Cervantes reflejó en su obra como tal.

El teatro fue una de las grandes pasiones del autor del Quijote. Muchos siglos después del suicidio colectivo de los numantinos, Cervantes "recuperó la tragedia porque veía similitud con los hechos que vivía en su tiempo", destaca Verbo. "Y esa historia de la época romana -añade la compañía- sigue siendo muy actual, porque el asedio de los pueblos por la tiranía y el poder y la resistencia de sus vecinos a perder sus casas, su forma de ser y su vida es algo que continúa estando a la orden del día".

La adaptación del texto cervantino ha extractado los terribles acontecimientos sucedidos en el cerco. Nueve actores y actrices en escena, nueve interpretaciones coordinadas y conjugadas dan ritmo y continuidad a esta historia de supervivencia de amistad, de honor, de poder, de orgullo, que habla de los miedos y también del amor, representado por Marandro, líder de la resistencia del pueblo celtíbero, y de Lira, su enamorada. Una singular puesta en escena consigue que el espectador se sitúe dentro y fuera de los muros de la ciudad asediada, que sienta el aire de libertad y soberbia de los romanos y la falta de ese aire y la tristeza de los numantinos.

Carrillo considera que desde el punto de vista teatral el interés de representar el suceso de Numancia hoy tiene el sentido de contar su historia más allá del mito y su utilización partidista -se ha usado como ejemplo de patriotismo, para definir nacionalismos o para confirmar identidades nacionales-, y ahondar en la realidad del drama y sus protagonistas.

"Que sea el espectador -concluye Carrillo- quien reflexione sobre el poder y sus abusos, quien ponga el acento en lo que más interesa o más le duela y de esta forma pueda elegir su propia forma de respuesta. No siempre la muerte es el único final, antes lo son la humillación, la pérdida de identidad, el miedo, el hambre y cuantos etcétera se puedan poner de los muchos que conforman nuestra realidad cotidiana. Numancia para nosotros es, hoy, más analogía que mito".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios