Noche de mansos en Montoro

  • El ganado de Doblas Alcalá desluce la novillada nocturna e impide que los tres diestros hagan faena en un festejo que no contó con el respaldo del público

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Hay que destacar la pobre entrada que registró la plaza de Montoro el pasado sábado. El público de hoy sólo acude en contadas ocasiones a las plazas de toros, sobre todo si el cartel que se ofrece lo componen los mediáticos del escalafón o algún torero de moda. Lo malo de todo esto es que los festejos modestos, es decir novilladas y becerradas, son los que sirven para que se vaya evaluando el futuro de la fiesta o lo que es lo mismo, son fundamentales puesto que en ellos se van labrando su futuro los que mañana tomaran el relevo a los que hoy gozan del beneplácito de los espectadores.

Los novillos llegados desde Hornachuelos propiedad de Doblas Alcalá tuvieron, por un lado, una buena presentación, pero por otro fueron un dechado de mansedumbre. El toreo no es sólo pegar pases y ponerse bonito. Los mansos también tienen su lidia, hay que tragarles, intentar por todos los medios sacarles lo que puedan tener y demostrarles quién manda en el ruedo. Si esto no es así, los animales se hacen los amos del redondel y todo lo que se haga se torna imposible.

Solano González lleva unos años queriendo ser torero. No engaña a nadie, siempre hace lo que sabe y lo que puede. Su primero, el mejor de la suelta, le puso en más de un aprieto por el pitón derecho, por eso su trasteo se centró al natural. Su labor no resultó compacta, demasiado acelerado y movido. La faena tuvo demasiados altibajos. En su segundo, un manso de libro, pero que iba y venía, estuvo valiente y porfión, pero se le vio espeso de ideas y la faena no terminó de coger el vuelo deseado. Algún natural aislado y poco más. Mazzantini quiere hacer las cosas bien y como tiene cierta personalidad transmite frescura al tendido. Lo malo es que el toreo no es pegar pases y pases, componiendo con estética la figura. Sus dos oponentes fueron calcados uno del otro. Vaya par de mansos. A los animales que no quieren embestir no cabe hacerle el toreo de hoy. Su voluntad y su aún poco oficio, le sirven de disculpa, pero debe de tener presente que cada toro tiene una lidia distinta y a todos no se les puede torear de una manera preconcebida.

Actuó el novillero triunfador del Certamen de Novilladas sin picadores Ciudad de Montoro, Iván de Aguilar. Iván tiene buen corte de torero y tiene muchas ganas de ser gente, pero está muy nuevo, le queda mucho por aprender de ahí que sean censurables los muchos defectos que aún le quedan por pulir. Valeroso con el capote en su primero al que cuajó un trasteo de más a menos que tuvo momentos de cierto interés pero que alargó en exceso. En el último de la noche, pasó un quinario. Su poco oficio hizo que el manso se hiciera el amo del ruedo y solo pudiera matarlo con dignidad como hizo.

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