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obituario

El rey de la comedia ha muerto ¡Viva Jerry Lewis!

  • El célebre protagonista y autor de 'El profesor chiflado' fallece en Las Vegas a los 91 años por causas naturales. Inició su carrera en los bares formando un dúo humorístico con Dean Martin

El caso de Jerry Lewis, showman, actor, guionista y director fallecido ayer a los 91 años en Las Vegas por causas naturales, es excepcional en la historia del entretenimiento y el cine americano. Hijo de actores judíos de vodevil –Chaplin, los Marx, Lewis, Brooks y Allen son la cumbre del humor judío hollywoodiense– pisó los escenarios con cinco años y abandonó los estudios para dedicarse al espectáculo actuando en cabarés y teatros de la costa Este, locales de Atlantic City u hoteles judíos de los Castkills. Cuando contaba 20 años se unió a Dean Martin, logrando la pareja tal éxito en la posguerra que en 1948 fueron presentados en televisión por Ed Sullivan y en 1949 el productor Hal Wallis los fichó para Paramount, donde rodaron 18 largometrajes entre 1949 y 1956, dirigidos por George Marshal, Norman Taurog y Frank Tashlin, a quien Lewis consideraba su maestro. Artistas y modelos y Loco por Anita son las dos mejores películas de esta etapa.

Tras romper con Dean Martin en el 56 Lewis se puso fundamentalmente en manos de Frank Tashlin, que había sido uno de los jefes del fabuloso departamento de animación de la Warner junto a Chuck Jones, Leon Schlesinger o Tex Avery. Tashlin fue clave en la concepción alocada, gamberra y disparatada, casi hasta lo surreal de su humor, perfeccionando el diseño de sus personajes e inspirando su sentido de la realización cuando se convirtió en director. Dirigido por Tashlin, Lewis alcanzó la cumbre de su popularidad en Yo soy el padre y la madre, Tú, Kimmy y yo, El ceniciento, Qué me importa el dinero, Lío en los grandes almacenes y Un caso clínico en la clínica, rodadas entre 1958 y 1964. Mientras tanto, rodaba con sus amigos guionistas y actores películas amateurs que parodiaban grandes éxitos. Él mismo contó años después: "Pensé que aquellas peliculitas eran simples juegos y distracciones, pero eran, de hecho, un ejercicio de preparación. Las interpretaba el primero que aparecía. Y si algún actor amigo era elegido y no venía, ¡pues muy bien! Matábamos su personaje. ¿Fulano de tal no ha venido? ¡Lo ha matado en pleno Boulevard Pico un armario que le cayó encima! ¡Qué tristeza! Y lo tachábamos del guión… Nos divertíamos mucho, estas películas aliviaban la tensión de nuestro trabajo cotidiano. Satirizábamos nuestra jornada en el plató. Entonces no sabía que me instruía a mí mismo en la realización, el montaje y la dirección de actores".

Debutó en la dirección en 1960 con ‘El botones’, una película que entusiasmó a Chaplin

Debutó en la dirección en 1960 con El botones, que entusiasmó a Chaplin. Su debut tuvo un prólogo digno de él: "Acababa de rodar El ceniciento. Paramount y mi amigo Barney Balaban decidieron estrenarla el verano siguiente. Fui a ver a Balaban y le dije: Barney, no estrenes esta película en verano, es para Navidad. Me respondió: De acuerdo, pero quiero una película. Le dije: ¿El tema te da igual?. Me repitió: No me importa el tema, quiero la película. Le respondí: ¿Y si os doy una película para el verano?. Me dijo: Hecho".

Lewis escribió el guión al día siguiente, en ocho horas, y comenzó a rodar El botones dos semanas después, terminándola en 28 días. Estuvo lista para el verano y recaudó siete millones de dólares. Tras ella rodó como guionista, actor y director El terror de las chicas (1961), El profesor chiflado (1963), Jerry calamidad (1964), Las joyas de la familia (1965), Tres en un sofá (1966) y La otra cara del gángster (1967). Pero su popularidad se fue enfriando. Tal vez por su creciente autocomplacencia y seguro que por el cambio generacional y el clima de la nación tras las catástrofes de los magnicidios de los dos Kennedy y Luther King y la guerra de Vietnam. Lewis fue el bufón crítico de la América feliz de los años 50 y primeros 60, pero la posterior al 68 era otra.

Para su fortuna mientras tanto se había convertido en un ídolo para los jóvenes, exigentes e influyentes críticos y directores de la Nueva Ola. Mientras las dos revistas más importantes, Positif y Cahiers du cinéma, se tiraban los trastos a la cabeza defendiendo a unos u otros directores, coincidían en su admiración por Lewis. Para Robert Benayoun era "el cómico más grande después de Keaton"; Jean Domarchi lo había consagrado como autor incluso antes de que dirigiera sus películas; para Godard era "el único en Hollywood que no ha sucumbido a las reglas establecidas" y consideró El profesor chiflado una de las diez mejores películas de 1963. Cahiers du cinéma le dedicó su número extraordinario de las Navidades 1967/68 y André Bazin y Robert Benayoum le consagraron uno de los episodios de la prestigiosa serie de documentales televisivos Cineastas de nuestros tiempos. La primera pregunta que le plantearon empezaba así: "Como usted sabe, Jerry Lewis es para nosotros un metteur en scène por su arte y su técnica…". La última respuesta que dio un irónico y encantado Lewis fue: "¡Nunca he querido dar importancia a tantas cosas como me están haciendo decir! Hasta nuestra pequeña conversación, nunca me había dado cuenta de hasta qué punto era inteligente".

En los 70 su estrella decayó y tras un proyecto fallido en televisión se retiró durante una década. La nueva generación de Hollywood lo reivindicó como maestro y en los 80 –sobre todo a partir de El rey de la comedia (1982) de Martin Scorsese– volvió a participar, y así hasta 2016, como invitado de lujo en películas y programas de televisión.

En 1991 triunfó en Broadway interpretando Damn Yankees. Tuvo la suerte de vivir sus últimos años rodeado de admiración y reconocimiento hacia su obra. Es lo justo. Jerry Lewis fue un puente entre el entonces olvidado humor cinematográfico más primitivo y físico (gesticulación exagerada, caídas, catástrofes provocadas por su torpeza) y el cine moderno. Fue un genio. Chiflado, desde luego. O tal vez no tanto...

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