Crítica de Cine

Los Monster contra Drácula

Una escena de la cinta animada de Holger Tappe. Una escena de la cinta animada de Holger Tappe.

Una escena de la cinta animada de Holger Tappe.

No sólo en España se ha desarrollado un modelo de animación digital impersonal para exportar que ha hecho del molde, las formas, temas, usos y costumbres estadounidenses una suerte de lingua franca que no entiende de matices nacionales e identidades culturales propias. Desde Alemania llega ahora Una familia feliz para saquear el imaginario clásico de Drácula en su castillo y enfrentarlo, por mero capricho romántico, a la imperfecta alianza familiar de los televisivos Monster, en una suerte de spin-off que da protagonismo transformista a vampiras, brujas con verruga, frankensteins verdes, momias adolescentes y niños-lobo entre unos paisajes de la ciudad, el desierto y las montañas de Transilvania engrandecidos a escala y pasados por el filtro del photoshop fosforescente. Más allá de su condición algo ortopédica, a la película tampoco le hace un gran favor dilapidar el que tal vez sea su mejor gag a las primeras de cambio, a saber, cuando los tres vampiros-cerdos que escoltan al conde repeinado intentan ejecutar la Tocata y Fuga en Re menor para órgano de Bach. Con todo, ellos son de largo lo más atractivo, simpático y original de una cinta con sobada moraleja familiar y demasiado disfraz virtual de prestado.

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