María Zambrano: el tiempo presente

  • La nueva entrega de la edición de las 'Obras completas' de la filósofa, que se presentará en la Feria del Libro de Madrid, coincide con un interés renovado y creciente en su obra

El pasado 4 de enero el mundo recordaba a Albert Camus en el día en que se cumplían 58 años de su muerte en aquel fatídico accidente de coche. Entre los documentos que llevaba consigo se encontraba el manuscrito de la novela autobiográfica en la que estaba trabajando entonces, El primer hombre, que no vio la luz ( de manera inevitablemente inconclusa) hasta 1995. En la misma carpeta llevaba otro libro: la primera edición de El hombre y lo divino de María Zambrano, aparecida un lustro antes, en 1955, cuando la autora y su hermana Araceli vivían en Roma (si bien Zambrano venía trabajando en la obra desde mucho antes y de manera más o menos dispersa). Camus tenía la firme intención de publicar aquel libro (del que la pensadora veleña publicaría una edición ampliada en 1973) en su editorial de siempre, Gallimard, y de hecho ya había comprometido a un traductor. Algunos años antes, Camus había intercedido de manera decisiva en la publicación, también en Gallimard, de la obra de la francesa Simone Weil (fallecida en 1943) de manera póstuma; que se fijara en Zambrano no resulta por tanto extraño, dado que ambas autoras comparten no pocos elementos en su heterodoxa aproximación filosófica. Es posible que, de no haberse producido aquel accidente, y de haber seguido Camus con vida, la figura de María Zambrano hubiese ganado más proyección mucho antes (lo que, por otra parte, hubiera contribuido a paliar las enormes carencias materiales que atravesó hasta su regreso a España en 1984); pero también es cierto que tanto Simone Weil como María Zambrano han ostendado durante décadas cierta condición de verso suelto, de marginalidad asumida en la historia del pensamiento, y que seguramente la historia no habría sido distinta por mucho empeño que hubieran puesto Albert Camus o cualquier otro patrocinador. La cuestión es que el declive del racionalismo y el cuestionamiento metodológico que alumbró la postmodernidad tuvieron ya a finales del siglo XX cierto efecto, digamos, insospechado: la entrada en la primera línea del canon del pensamiento de algunas luminarias a las que hasta entonces prácticamente nadie se había tomado muy en serio. En el caso de María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904 - Madrid, 1991), a la resistencia de la plana mayor académica de su tiempo a la hora de admitir que el mayor filósofo español era una mujer se unió su voluntaria renuncia a fijar un método racional al uso para la formulación de su pensamiento a favor de un alumbramiento poético. Semejante apuesta, sin embargo, terminó jugando a su favor cuando la crítica puesta en marcha por referentes como Michel Foucault terminó considerando el método una cuestión inútil en relación a los retos que la filosofía debía asumir. El camino recorrido por María Zambrano se convirtió en modelo. Y así su obra, densa, dispersa y magníficamente escrita, se convirtió en preferente objeto de estudio en no pocas universidades españolas, europeas, latinoamericanas y estadounidenses, animadas por un criterio feminista que abogaba por la inclusión de mujeres en el canon filosófico.

Esta atención puesta en la obra de María Zambrano no ha dejado de crecer y se ha hecho sensiblemente más notoria en la última década. A ello han contribuido el trabajo de la Fundación consagrada a su pensamiento en Vélez-Málaga y, muy especialmente, la edición de sus Obras completas en la editorial Galaxia Gutenberg con el impulso de la misma institución. El número de tesis, publicaciones, artículos y monografías dedicadas a la veleña se ha multiplicado en medio planeta gracias, precisamente, al abundante material ahora reunido y disponible. También resulta significativa la programación a cargo del Centro Dramático Nacional en el Teatro Valle-Inclán de Madrid de una obra como La tumba de María Zambrano, tributo escénico y poético de la dramaturga madrileña Nieves Rodríguez que, tras su puesta de largo el pasado día 10, podrá verse en el mismo escenario hasta el 11 de febrero. Afirmemos entonces, sin tapujos, que la figura de María Zambrano es una conquista ya ganada en lo relativo a su condición de escritora indispensable, pero más relevante es aún el futuro que promete: sus advertencias sobre el devenir histórico y político de Europa, su crítica al liberalismo, su adscripción humanista frente al materialismo radical y su denuncia pedagógica de las tiranías, especialmente las que más hábilmente se hacen pasar por democracias, la convierten en una pensadora necesaria. Y la necesidad seguirá vigente bastante más.

La relevancia de Zambrano supone ya una conquista, pero el futuro es más relevante

Es en este contexto de aceptación y magisterio cuando tendrá lugar la aparición de la quinta entrega de las Obras completas, que se corresponde con el cuarto volumen en el orden fijado y cuya presentación tendrá lugar en la próxima edición de la Feria del Libro de Madrid, que se celebrará del 25 de mayo al 10 de junio. Bajo la dirección de Jesús Moreno Sanz, el libro contendrá los últimos títulos publicados por María Zambrano: Claros del bosque (obra fundamental de la autora, escrita con la colaboración de José Ángel Valente en su humilde casa de La Pièce, en el Jura francés, cerca de Ginebra, y aparecida en 1977 en España), De la Aurora, Notas de un método (en el que Zambrano se reafirma en su posición contraria al racionalismo con tan irónico título), Algunos lugares de la pintura, Los bienaventurados y Senderos. La nómina de editores incluye a Mercedes Gómez Blesa, Fernando Muñoz Vitoria, Pedro Chacón Fuertes, Karolina Enquist Kälgren, Sebastián Fenoy Gutiérrez y el propio Jesús Moreno Sanz. Actualmente, la Fundación María Zambrano trabaja en la recolección de sus cartas y artículos de prensa, que completarán otros dos volúmenes de las Completas.

María Zambrano obtuvo el Premio Príncipe de Asturias en 1981 y el Premio Cervantes en 1989. Es en el siglo XXI, sin embargo, cuando su influencia recibe el mayor reconocimiento. Toca celebrarlo.

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