Luces y sombras de un patito

Compañía: A la Sombrita. Actor-manipulador: José- Diego Ramírez. Fecha: viernes 10 de julio. Lugar: Casa de la Juventud. Lleno.

La sala habilitada por la Feria de Palma en la Casa de la Juventud acogió ayer el estreno de El patito feo, obra de teatro de sombras realizada por la compañía A la Sombrita que fue recibida por el público familiar completando el aforo.

Toda persona ha leído, le suena o recuerda la historia representada. Ante esta circunstancia, la expectativa del público que va a ver la función reside en la propuesta escénica a realizar por la compañía. En este caso, se va a ver cómo se representa en teatro de sombras el cuento sobre un patito raro, criado entre otros patitos y rechazado por ser feo y distinto hasta que descubre su verdadera identidad y belleza.

Todo el montaje y la manipulación recaen sobre una sola persona, José-Diego Ramírez, el cual se encarga de crear toda la ambientación necesaria para plasmar la historia. Al ser un espectáculo dirigido al público infantil, al inicio introduce de forma didáctica una breve explicación sobre qué es y cómo se realiza el teatro de sombras. Al finalizar su intervención, el actor desaparece tras la pantalla y comienza la representación en sí. El trabajo técnico es brillante: pantalla con fondos de colores, transiciones fundidas, acompañamiento musical, narración en off, títeres de sombra articulados y, lo más importante, bien manipulados. Pero hay algo en el montaje que impide al público dejarse llevar por él y reside en la presencia humana que hay detrás de todo lo manipulado. El espectador se encuentra ante una pantalla llena de colorido y preciosismo hasta el punto de poder dudar si hay alguien detrás que elabora esta ilusión. Entonces se crea un efecto parecido al de ver una película en un cine pero con menos efectos especiales, por lo que se puede perder el interés de lo que ocurre.

La magia y el asombro del teatro de sombras residen en lo que José-Diego Ramírez explicó antes del comienzo de la obra y que, curiosamente, captó toda la atención de los niños y adultos presentes: cómo unas manos u objetos, unidos a su manipulador, sus acciones y su voz crean esa fantasía. Si eliminamos el factor humano, restamos presencia viva en escena y se crea sólo artificio.

El teatro de sombras, como bien dice José Diego Ramírez, posiblemente sea una de las manifestaciones teatrales más antiguas de la humanidad. Si los medios técnicos de hoy posibilitan crear espectáculos de este género con mayor sofisticación se deben aprovechar, pero sin olvidar sus raíces.

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