Crítica de Teatro

Juana, repleta de humanidad

Escena de 'Juana, la reina que no quiso reinar', en el Góngora. Escena de 'Juana, la reina que no quiso reinar', en el Góngora.

Escena de 'Juana, la reina que no quiso reinar', en el Góngora. / juan ayala

El texto de Jesús Carazo nos traslada al palacio-cárcel de Tordesillas donde Juana I de Castilla lleva confinada 16 años por mandato de su padre Fernando el Católico. Aislada del mundo se aferra a los recuerdos de su pasado, algunos de ellos gratos y otros más amargos. Entablará conversación con aquellas personas que formaron parte de su vida y ahora ya no están, bien por haber fallecido, haberla abandonado o, incluso, habérselos arrebatado, como el caso de su hija menor Catalina quien vivió con ella en Tordesillas durante los primeros años de su reclusión. Conoceremos a la mujer atrapada por asuntos de estado a los que nunca prestó interés y obstaculizaron la única meta que siempre deseó: alcanzar la felicidad como hija, esposa y madre.

La compañía granadina recrea la estancia del palacio con mobiliario, candelabros y vestuario de la época junto a un par de ataúdes donde supuestamente reposan los restos de su madre y esposo. Una escenografía bien acompañada de la iluminación y el espacio sonoro adecuado para generar la atmósfera donde Gema Matarranz se introduzca y haga respirar a su personaje. Y eso es lo que justamente realiza esta magnífica actriz: en cada bocanada de aire su voz y cuerpo se apoderan de la escena, contagia al espectador y lo atrapa en una red tejida de innumerables emociones. El público que llenó la Sala Polifemo disfrutó y reconoció el impresionante trabajo y le regaló un largo y respetuoso aplauso a finalizar su portentosa interpretación, la cual será recordada por mucho tiempo.

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