Historias del pulgar

Por culpa de los sms, los jóvenes usan el pulgar en tareas donde generaciones anteriores utilizaban el índice. Marcus Miller no está en la pubertad, pero el uso del pulgar es una de sus joyas. Las hermanas bajas y gordas de la guitarra pidieron paso y dieron la talla en un apabullante concierto que empapó el Gran Teatro de ritmo descomunal. Miller, acompañado por una banda tan sencilla como sobrada, firmó un show brutal en el que su bajo fue la pieza sobre la que pivotó un desmesurado torrente de cabriolas sonoras. El jazz contemporáneo más rabioso se abrió paso a borbotones con una efusividad casi tan convincente como la abundancia de sus fuentes. Miles Davis (Tutu), Steve Wonder (Higuer Ground), el propio Miller (What is hip y Pluck)… fueron firmando obras de arte que sonaron desaforadas.

En esto del jazz hay personajes que se escapan de las reglas y habitan en terrenos que sólo ellos dominan, esta vez a golpe de pulgar (snapping). Me consta que los puristas del jazz no son tan intransigentes como los de otros géneros, porque si así es Miller no debe estar en su nómina de ídolos. Y en esto batería y teclados eran un puro trance, inmersos en un lodazal de notas, desarrollos improvisados y acompañamientos versátiles. Al otro lado, el saxo competía con Miller al garabatear melodías imposibles, mientras el conjunto se dejaba atormentar lejos de la ortodoxia.

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