Galaxia Gutenberg reúne los poemas más emotivos de Brines

  • La editorial acaba de publicar 'Todos los rostros del pasado', una antología seleccionada por Dionisio Cañas en la que se recogen textos sobre amor, deseo, vida y muerte del poeta de la Generación del 50

Francisco Brines ha partido siempre de su propia verdad a la hora de escribir poesía y ha procurado ser fiel a sí mismo, una actitud vital que refleja la antología Todos los rostros del pasado, en la que se ofrece una selección de los poemas del escritor valenciano, impregnados de amor, deseo, vida y muerte.

"Y de sugerencias. Hay mucha sugerencia en la poesía", afirma Brines (Oliva, 1932) sobre esta antología que acaba de publicar Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, cuya amplia introducción ha corrido a cargo de Dionisio Cañas, responsable además de la selección de los poemas.

Desde que en 1960 apareció el libro de Las brasas, Brines ha dado sobradas pruebas de su maestría en poemarios como Palabras a la oscuridad, (1966) Aún no (1971), Insistencias en Luzbel (1977), El otoño de las rosas (1986) y La última costa (1995).

Dionisio Cañas, poeta y catedrático de la Universidad de Nueva York durante veinte años, se ha "dejado llevar por la emoción, más que por la razón", a la hora de seleccionar los poemas de Brines, y no ha incluido algunos de los que son "más metafísicos o más filosóficos" y que "llegan menos al público", explica.

Su intención ha sido la de "ofrecer una lectura nueva y personal" de los textos del escritor valenciano "desde una perspectiva del siglo XXI". "La poesía de Brines sintoniza bien con el hombre actual", que está "muy preocupado por el futuro del ser humano y por el del planeta, acosado por tantas amenazas", asevera.

A Brines, miembro destacado de la generación del 50, le gusta cómo ha quedado la antología, aunque le "ha sorprendido" que algunos poemas que él "seleccionaría siempre", Cañas no los haya incluido.

"Pero yo suelo dejar plena libertad a los antólogos para que hagan su elección, y en este caso también ha sido así", asegura Brines, a quien le parece atinado el título de la antología, Todos los rostros del pasado, entresacado de un poema de Palabras a la oscuridad.

"Yo hago una poesía elegiaca y evocativa, y cuando miramos hacia atrás lo que vemos son personas que ya no están y que hemos querido, y otras que viven pero que no están frente a nosotros y que las imaginamos en el pasado. Y siempre el rostro es lo más significativo", señala Brines, que estos días descansa en su casa de Oliva.

Como se dice en el prólogo, Brines ha procurado ser fiel a sí mismo "en lo ético y en lo estético". "Me puedo haber equivocado, pero siempre he partido de mi propia verdad, porque yo he intentado en la poesía conocerme mejor a mí mismo", afirma el poeta.

"La poesía me ha servido para encontrar una moral, porque no me servía la moral recibida, y también para tratar de conocer lo que desconocía. He arañado unas verdades, que no sé si las he conseguido o no porque todas son subjetivas al fin y al cabo", añade.

En la obra de Brines hay "nostalgia y celebración de la vida". "A uno se le ha dado la vida y se puede despedir de ella amándola y resignándose a perderla", afirma este escritor al que le gusta decir que "la poesía es una escuela de tolerancia"; permite ver "la verdad del otro".

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