Exilio y dolor de Alcalá-Zamora

  • Se cumplen 65 años de la muerte del político prieguense, presidente de la Segunda República, que en julio de 1936 tuvo que exiliarse en Francia y más tarde en Buenos Aires

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Con una gran carga emocional y la nostalgia de su país, Niceto Alcalá-Zamora, el que fuera primer presidente de la Segunda República, marchó al exilio en julio de 1936 tras ser destituido después del triunfo electoral del Frente Popular, dejando atrás el sistema constitucional y democrático por el que tanto había luchado. Como otros muchos exiliados españoles, llegó a París, donde lo sorprendió la Segunda Guerra Mundial y sufrió tragedias familiares, para luego marchar a Buenos Aires, ciudad en la que falleció hace ahora 65 años.

La revista Andalucía en la Historia dedica su último número al fenómeno del exilio, haciendo hincapié en la experiencia del político prieguense con un artículo de Francisco Durán, director del Patronato Niceto Alcalá-Zamora, en el que resalta la "etapa más novedosa" de esta expatriación, que comenzó cuando se encontraba en un viaje por Noruega. Debido al alzamiento y la guerra "ya nunca regresó a España".

Esta información es fruto de la investigación que en los últimos años ha realizado un equipo de profesores de universidades andaluzas en los archivos franceses. Tras analizar los documentos, Durán explica que "el exilio de Alcalá-Zamora es bastante doloroso" porque durante su estancia en París dos de sus hijos, Pepe y Luis, huyen y regresan a España para luchar en el frente. Pepe murió en Valencia y además fue utilizado tanto por la derecha como por la izquierda para atacar a su padre. En ese tiempo además saquearon las propiedades y documentos que poseía y había dejado en España. Fue ahí cuando desaparecieron sus Memorias, que se recuperaron en 2008 gracias a una intervención policial y que ya se han publicado.

Alcalá-Zamora "se encuentra con muy poquísimos medios en París, haciendo colaboraciones en revistas en las que se implica mucho con lo que está pasando en España". Durante su estancia en el país galo también falleció su esposa víctima de cáncer y, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana, tuvo que huir poniendo rumbo a Argentina. El mismo político describió en su libro 441 días el periplo que vivió junto a sus hijos en la travesía en barco desde Marsella hasta Buenos Aires, donde llegó en enero de 1942. Eran pasajeros de tercera clase porque, como recuerda Durán, él renunció a la ayuda del servicio de auxilio a los republicanos exiliados, y "eso hace que esté a punto de morir en varias ocasiones en Senegal, donde fue atracado y además enfermó de paludismo".

El panorama que encontró en su exilio en Francia no fue muy halagüeño porque intentó encontrar trabajo -además de sus colaboraciones en revistas- pero no lo consiguió. De hecho, acusó al cuñado de Manuel Azaña, que era embajador en Suiza, "de vetarle en muchos de los trabajos a los que optaba".

Durán resalta que Alcalá-Zamora era una persona de centro por lo que fue perseguido tanto por la derecha como por la izquierda. De hecho, "el asalto a la caja con los documentos de don Niceto es culpa de Azaña, que fue el instigador". Es decir, que esa caja "fue abierta por el Gobierno de la República".

Por esto, a diferencia de muchos exiliados españoles que huyeron a México, él no quiso ir "porque sabe que allí está el Gobierno de la República" y sin embargo "prefiere ir a Buenos Aires, donde tiene una grata acogida". En Argentina se ganó la vida escribiendo libros, dando conferencias y colaborando en revistas.

De sus últimos años de vida, Durán destaca el testamento político que dejó el presidente de la República como "una de las cosas más interesantes" de su legado. "Con esa sabiduría y esa memoria prodigiosa, el mensaje último que da es el del respeto, el consenso, renunciar por completo a la violencia y a la guerra de la que él tanto había huido", apunta. De hecho, "él hablaba de que podía haber resistido cuando fue destituido pero decía que eso podía llevar a una división de España y a una guerra a la que no quería llegar". Incluso en sus escritos "habla de que con su destitución había caído la república democrática de derecho". "Quizás son palabras algo exageradas pero sí es cierto que el papel moderador que lleva a cabo en la Segunda República se hunde con don Niceto y hace que los extremismos sean aún más extremos", concluye Durán.

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