Crítica de Cine

Digno pedestal para un genial Gary Oldman

Digno pedestal para un genial Gary Oldman Digno pedestal para  un genial Gary Oldman

Digno pedestal para un genial Gary Oldman

El primer mérito de esta buena película engrandecida por una enorme interpretación está en la fidelidad con que reconstruye un conmovedor y aleccionador hecho histórico: el inicio de la Batalla de Inglaterra. No hace mucho escribía Javier Marías en El País: "Ningún hecho ha habido más épico en los últimos cien años que la resistencia de Inglaterra, sola, durante la Segunda Guerra Mundial. Lo sabe cualquiera que haya leído libros sobre el conflicto o haya visto unas cuantas películas: éstas empezaron a hacerse durante la contienda y el filón no se ha agotado, casi ocho decenios más tarde. Uno detrás de otro, los países europeos habían caído derrotados, invadidos (de Polonia a Francia), o se habían proclamado neutrales (Suecia, Suiza), o se habían aliado con Hitler (la Unión Soviética, hasta 1941, cuando los nazis rompieron el pacto de no agresión) o habían sido convencidos (Italia, España, Hungría, Croacia, la Noruega de Quisling). Los Estados Unidos sesteaban y se desentendían. E Inglaterra, durante un tiempo que se le debió hacer eterno, aguantó en solitario". Nunca deberá olvidarse esta gesta y es bueno que el cine la recuerde.

El segundo mérito de la película es, ya lo he anticipado, la monumental interpretación de un Gary Oldman que literalmente parece devorado por Churchill hasta convertirse en su personaje gracias, sobre todo, a su talento -muy recomendable e incluso imprescindible verla en versión original- pero también al escultor hiperrealista y maquillador Kazuhiro Tsuji (que ya demostró sus habilidades en El planeta de los simios o El curioso caso de Benjamin Button). Interpretación, personaje y hechos se funden a su vez ya que Churchill fue la solitaria Casandra en cuyas atinadas predicciones nadie creyó hasta que fue demasiado tarde. Y Sir Winston tenía más mérito que Casandra porque sus predicciones se basaban en su talento, lucidez y capacidad para analizar los hechos, advirtiendo una y otra vez de la amenaza que el nacionalsocialismo representaba, y no en un don de los dioses.

El tercer mérito de El instante más oscuro es el muy buen guión del novelista, realizador y guionista Anthony McCarten (La teoría del todo) que combina el rigor histórico con el thriller político de despachos y foros. Porque aunque lógicamente sepamos lo que pasará, la inteligencia del guión logra generar tensión en los enfrentamientos entre Churchill, su propio partido, el Parlamento, el Rey e incluso la opinión pública, que optaron por la táctica del avestruz -horrorizados por el recuerdo de la Gran Guerra y esperanzados en una paz imposible- de ignorar la inevitabilidad de la guerra tras haber permitido, a causa de esa misma hipocondría política, el rearme de Alemania y el inicio de sus políticas expansivas.

Estos tres méritos le bastan para ser un gran espectáculo cinematográfico de interpretación, una reconstrucción minuciosa y fiel de unos hechos extraordinarios y un retrato complejo de un personaje igualmente complejo, no temiendo mostrar las debilidades de la colosal figura. Un retrato muy superior a esa otra recreación de Churchill dirigida por Teplitzky e interpretada con talento, pero a años luz de Oldman, por Brian Cox. Hay que agradecerle al director Joe Wright, con una clara tendencia a la desmesura demostrada en Hanna, Ana Karenina y sobre todo la indigesta Expiación, que aquí procure ponerse al servicio de la historia, del personaje, del guión y del intérprete. Le acusan de académico, pero mejor -cuando no se es un genio- la contención académica que el desmadre. Por ello ha logrado su mejor película junto a Orgullo y prejuicio, con que la debutó en cine tras dedicarse a la televisión. Estupendas Kristin Scott Thomas como Lady Churchill y Lily James como la esforzada, devota y crítica secretaria del viejo león que encabezó la página más gloriosa de la historia de Inglaterra y la más heroica del siglo XX. Sería estupendo verla en programa doble con la gran Dunkerque de Nolan, como el anverso bélico y el reverso político de un mismo instante.

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