"Dentro de la Generación del 27 había celos y muchas voces distintas"

  • El profesor y ensayista sevillano revisa el origen de uno de los grupos literarios más decisivos de la literatura española en 'La invención de la Generación del 27', publicado por la editorial Berenice

La invención de la Generación del 27, publicado por Berenice,es el último libro de Manuel Bernal Romero (Sevilla, 1962), profesor de lengua y literatura, periodista y escritor que ha cultivado la poesía, la narrativa y el ensayo.

-Cuenta que la Generación del 27 tuvo su origen en el amor, los toros y la muerte...

-Parto de ese planteamiento inicial porque en todo el proceso están presentes Lorca, Ignacio Sánchez Mejías y Encarnación Gómez La Argentinita, la amante de Mejías. Sánchez Mejías conoce a Alberti porque quería que Lorca le facilitara el montaje de espectáculos en los que pudiera participar La Argentinita, que además fue antigua novia de Joselito. De hecho, hay algunas grabaciones al piano de Federico en las que la voz que aparece es la de ella. Tras haber fracasado en Madrid, un Alberti desesperado y falto de ocupación conoce a Mejías y ve en él al mecenas ideal.

-El tricentenario de la muerte de Góngora sirvió de aglomerante para el nacimiento de la Generación del 27. Un poeta al que Unamuno tildaba de "curata inhumano".

-La obra de Góngora es una obra muy difícil, críptica, con vocabulario inasequible; no coincidía con los estilos imperantes del momento y, para colmo, él mismo tenía mala fama como persona, por su apego al poder. Cuando Gerardo Diego les propone a los mayores (Machado, Juan Ramón, Valle-Inclán, Unamuno...) celebrar su tricentenario, se horrorizan.

-En cualquier caso, los del 27 hablaban de la celebración gongorina como una "fiebre". ¿Lo que sentían era realmente admiración por el clásico, oportunismo o afán de llevar la contraria?

-La verdad es que los miembros del 27 no escribieron gran cosa al modo de Góngora. Pero les venía bien tener una excusa que, por esas fechas, les permitiera abrirse camino en el mundo literario. Alberti toma esa idea, la de usar los medios para lograr repercusión, de los poetas franceses.

-A la hora de definir el grupo literario, Gerardo Diego decía que eran poco más que un "grupo de amigos" que se reunían. Pero también está la definición de Luis García Montero, que afirma que lo que los unía era un ansia de modernidad.

-Ellos subrayaron mucho que el núcleo del grupo estaba en la amistad, pero eso era mentira. Dentro de la Generación del 27 había celos y muchas voces distintas, y ellos eran también muy distintos entre sí. Había mucha distancia entre Dámaso Alonso y Cernuda, por ejemplo, o entre Salinas y Rafael Alberti. El concepto de amistad es el que intentaron vender, pero yo creo que es más certera esa idea de modernidad, de querer ir un punto más allá de lo que se estaba palpando. Se manifiesta cuando hacen uso del marketing y de técnicas actuales de promoción; o cuando años después aparecen el surrealismo y las corrientes europeas como punto innegable de modernidad y todos de adhieren a ello, aunque hubieran partido de un punto aparentemente clásico.

-Entre las críticas que recibieron en Madrid, El Liberal calificaba al grupo de "señoritada hórrida de retaguardias"...

-Eso fue lo que me hizo trabajar en lo que había pasado en Sevilla: que en Madrid encontraran una crítica bastante fuerte y desconsiderada hacia su obra. Madrid estaba conducido por otros autores: cuando intentan publicar la crónica del aniversario, que Gerardo Diego se inventa, no tienen éxito y Gerardo Diego se monta su propia revista y la publica allí. Fue una invención a partir de un fracaso de lo que habían intentado montar, aunque eso no lo reconocerían hasta mucho tiempo después.

-Otra de las cosas que llaman la atención es que las mujeres de la Generación del 27 no participaron en las actividades del grupo.

-Entre las pocas que se citan en el nacimiento del grupo están Amantina Cobos, en el Ateneo sevillano, y la pintora surrealista Maruja Mallo, que era novia de Rafael Alberti. En el caso de Mallo, fue silenciada porque tuvo una relación muy tormentosa con el poeta. Alberti, indignado por la aventura de Mallo con Miguel Hernández, la eliminó de La arboleda perdida, y, como era muy influyente en el grupo, fue bastante ignorada. La época era muy dura para las mujeres, y ellos también eran bastante machistas.

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