creación Historietistas de la ciudad hablan de la situación del sector

La Córdoba 'comiquera' también existe

  • Pese a las dificultades, los dibujantes de cómic trabajan para mantener con buena salud un oficio que casi nunca es considerado como tal y una pasión que aún resulta minoritaria, aunque cada vez menos

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Allá por los años setenta se vivió en España una verdadera oleada de publicaciones relacionadas con el cómic. Eran los tiempos de Tótem, Creepy, El víbora; la época dorada del cómic español. La mayoría de estas revistas vieron su fin en los años próximos, mientras que algunas, como la popular El Jueves, aún sobreviven sacando números casi en régimen de monopolio, esquivando denuncias y sacándole la lengua a lo políticamente correcto.

Fue en una de esas revistas que protagonizaron la época de esplendor del cómic donde empezó sus andanzas el dibujante cordobés MOI, hace más de 20 años. Participó en un concurso para Tótem el Comix, mandando una historieta que fue seleccionada para publicarla en sus páginas. Ése fue su primer trabajo profesional, recuerda. Poco después se le ocurrió que sería buena idea embarcarse en algún tipo de proyecto, y se unió a un grupo de dibujantes cordobeses que trató de lanzar una revista de cómic en la ciudad. Así fue como, a principios de los años 90, nació Killer Toons. La revista aguantó siete números y dejó de publicarse, hasta que, en 2009, cuando la mayoría de sus integrantes atravesaban la crisis de los 40, decidieron que había llegado el momento de resucitarla, con mejor contenido y edición, en una versión 2.0.

Killer Toons es una revista que combina géneros de terror, ciencia ficción y buenas dosis de humor negro. En sus páginas, realizadas por autores cordobeses y a veces algún invitado del cómic nacional, están presentes el gore underground y una estética que evoca el cine de serie B, adaptados al estilo de cada dibujante. La revista se publica en papel, y es auto subvencionada. MOI cuenta que al principio disfrutaron de alguna que otra ayuda del Ayuntamiento, con la compra de ejemplares para las bibliotecas, y de la Fundación Rafael Botí para el primer número, pero si la revista se mantiene es gracias al esfuerzo de sus creadores, que trabajan en ella por puro amor al arte. Killer Toons no es un negocio: el dinero que se obtiene con la venta de un número sirve para costear los gastos del siguiente, y así continuamente.

Al grupo se han incorporado en esta segunda etapa nuevos dibujantes, sangre fresca con nuevas ideas. Uno de ellos es Miguel Ángel Ruiz, el más joven de Killer Toons, que bromea cuando se le pregunta si también estuvo en la primera fase de la revista: "¡ni cogía el lápiz cuando ellos empezaron!". Desde 2010 trabaja "fijo" para todos los números, aunque asegura que va más lento que el resto porque el trabajo le desborda: dibuja para Avatar, una editorial de EEUU, la tercera para la que colabora. Editoriales de renombre como Marvel y DC están interesadas en su trabajo pero, asegura, "como cualquier obrero me tengo que agarrar a lo que se presente". El dibujante trabaja para EEUU porque en España no hay nada que esté bien pagado y garantice continuidad. Con Avatar ha firmado un contrato por tres años, que supone la estabilidad económica que ya necesitaba, dice, para dormir por las noches.

Para la misma editorial americana trabaja otro de los killer toons, Raúlo Cáceres. Es dibujante en Crossed, una serie de cómics sobre infestados al estilo The walking dead. Desde 1998 había estado trabajando para revistas mensuales de temática pornográfica de algunas editoriales españolas, y en 2007, impulsado por razones "monetarias y creativas" y con la ayuda del también dibujante Juanjo RYP, que ya trabajaba en Avatar, decidió probar suerte en el otro lado del charco. A Raúlo le parece surrealista el movimiento circular que se ha establecido en torno a la industria del cómic: "habiendo dibujantes profesionales en España, éstos trabajan para editoriales americanas y finalmente sus cómics son publicados en España por editoriales españolas". Y es que este país carece de una industria comiquera potente con una ambición de producción propia: "alguna vez debería de surgir en España una editorial que fuera productora de obras y no traductora...", se lamenta.

¿Se puede vivir de dibujar cómic? Igual que sucede con el resto de ámbitos del arte, es difícil pero no imposible. Requiere grandes dosis de esfuerzo y sacrificio, además de algún que otro golpe de suerte. Por ejemplo, actualmente Miguel Ángel Ruiz trabaja en exclusividad como dibujante, pero admite que ha habido momentos en los que ha tenido que compaginarlo con otras actividades. Raúlo asegura que se puede, aunque es verdad que la profesión requiere gran sacrificio y dedicación, tanto que tiene algo de monástico: "el dibujante-monje se pasa mucho tiempo encerrado en la celda-estudio rezando-flagelándose-dibujando a la luz del flexo", comenta. Algo parecido opina Andrés G. Leiva, que compagina su pasión por el dibujo con su trabajo como profesor y asegura que no dispone de todo el tiempo que quisiera para dedicarle al cómic. Ha publicado obras individuales con la editorial Sins Entido y participado en otras colectivas, pero explica que todo eso vino después de haber aprobado las oposiciones, algo que tuvo muy claro que tenía que hacer ante la incertidumbre. Desde el Instituto Góngora, en el que trabaja, trata de inculcar a sus alumnos la pasión por el cómic con la publicación de un fanzine, Freegonzine, en el que trabajan niños de todas las edades que se muestran muy implicados. "Como sacamos el fanzine año tras año, los niños van conociéndolo y se apuntan", comenta. De esta forma, colabora a que en Córdoba se fragüe una cantera de dibujantes de cómic.

En esa tarea de incentivar el amor por este arte trabaja también Curro Fuentes, que coordina el Aula de Cómic. Este colectivo existe desde 2001, y desde 2004 realiza en la Casa de la Juventud la exposición Talentos, que pretende mostrar al público el trabajo de gente que está empezando y que no tiene muchas oportunidades de publicar. El colectivo persigue el objetivo de promocionar el cómic y la ilustración, en concreto a los artistas de Córdoba, la mayoría de los cuales, asegura Fuentes, quiere dedicarse a esto profesionalmente y no solamente como hobby. "Hay demasiados prejuicios en torno al cómic", apunta. "Se cree que es para niños, cuando en realidad existen cómics para todas las edades". Afortunadamente, comenta, las redes sociales han ayudado mucho a abrir las mentes de la gente, y esa visión de los comiqueros como bichos raros está cambiando. Sin embargo, añade, queda pendiente que deje de infravalorarse su trabajo: "escultores, pintores, arquitectos... todos son bien valorados; ilustradores y comiqueros somos considerados baja cultura. Y hace muy poco que se nos llama también artistas". Fuentes asegura que en la ciudad hay muchos aficionados que cada vez consumen más cómics y productos relacionados con ello. Por eso hay que seguir trabajando: "tengo una fe ciega en los artistas de esta ciudad", y el Aula de Cómic es la forma en que contribuye a su promoción.

El dibujante MOI impartió recientemente el Taller de Caricatura y Cómic en la Casa de la Juventud, en una propuesta de la Delegación de Juventud del Ayuntamiento. Explica que para la participación en el taller se abrió una convocatoria pública, pudiendo acceder al mismo jóvenes entre 18 y 35 años, y se recibieron más solicitudes que plazas ofertadas. La mayoría de los participantes eran ya semiprofesionales, según MOI, quien asegura que el taller ha servido, además de como jornadas didácticas y centro de producción, como forma de "orientación profesional", ya que los alumnos del grupo han colaborado entre ellos para ayudarse a buscar trabajo. El dibujante asegura que entre los asistentes al curso ha podido ver mucha calidad. "Con la cantidad de gente con talento que hay en Córdoba, perfectamente se podría hacer una revista mensual, incluso semanal". Según se desprende de lo que dicen los comiqueros, en la ciudad hay genio y hay ganas. El problema es, como suele suceder con casi todo, que no hay dinero para hacer "algo grande".

Los dibujantes coinciden en que no son buenos tiempos para buscar apoyo institucional: la cultura siempre sale perjudicada la primera a la hora de recortar gastos y retirar subvenciones. Cuando se le pregunta sobre la implicación de los organismos públicos en el cómic, Raúlo habla de "cierta esquizofrenia: en mi caso, pasaron de censurarme una exposición a darme, unos años después, el premio Córdoba Joven 2008 por mi trayectoria como dibujante de cómic". Y es que el pretendido apoyo a los creadores no siempre lleva de la mano la aceptación de algunas formas de arte, como la que este dibujante proponía en su muestra Orgasmos de sangre. Ante ésta, el Instituto Andaluz de la Juventud consideró que no era pertinente la exposición de algunas de las obras que se presentaban, ya que "podían herir sensibilidades", y decidió no celebrar la muestra.

Un pequeño mundo del cómic subyace en Córdoba, aunque no siempre se vea a simple vista. A veces porque las creaciones de los dibujantes pasan directamente de los estudios donde trabajan a editoriales americanas a través de la red, otras porque es necesario buscar y acercarse para llegar a una cultura que aún es minoritaria, aunque cada vez menos. Así que quizás no sería descabellado esperar que, sorteando las dificultades económicas y el lento proceso de normalización de la profesión, pero impulsada por las facilidades que aportan las nuevas tecnologías y las ganas y el talento de los creadores, pueda renacer una nueva época dorada del cómic en España y ésta dé sus primeros pasos por el sur.

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