Crítica de Cine

Buen cine, lágrimas sinceras

Roberts y Wilson dan la réplica al gran trabajo del niño Jacob Tremblay. Roberts y Wilson dan la réplica al gran trabajo del niño Jacob Tremblay.

Roberts y Wilson dan la réplica al gran trabajo del niño Jacob Tremblay.

En 1980 el director estadounidense David Lynch llevó al cine la desdichada vida de John Merrick en El hombre elefante, denunciando con vigor la explotación como fenómenos de feria (freaks) de los seres deformes en la Inglaterra victoriana. En 1988 Peter Bogdanovich rodó Máscara, en la que se recreaba la historia real de Rocky Dennis, un niño con malformaciones craneofaciales que falleció a los 17 años tras luchar durante su breve vida por su integración. En 2012 la escritora estadounidense Raquel J. Palacio publicó con éxito La lección de August, una novela juvenil cuyo protagonista es un niño con graves deformaciones faciales. Ahora ese buen realizador -y también guionista y novelista- que es Stephen Chbosky la lleva con acierto al cine. Tanto en la película de Bogdanovich como en esta el niño cuenta con el apoyo familiar. El problema en este caso está en su integración en el entorno de quienes tienen su edad, tras haber sido cariñosamente criado y educado por sus padres. Pero no en su exhibición. Afortunadamente los tiempos de El hombre elefante quedan lejos. Algo, por tanto, se ha avanzado.

El desafío que estas películas plantean es la explotación pornográfico-sentimental de su protagonista. Chbosky no cae en ella por fortuna. Era de esperarse porque siente un interés sincero, no comercial, hacia estas cuestiones de marginación como demostró su excelente anterior película, Las ventajas de ser un marginado.

Chbosky se aproxima a sus personajes con limpieza expresiva e imágenes honestas

En aquella y en esta se aproxima con limpieza expresiva a sus personajes, tiene la virtud de aunar sin estridencias drama y humor, y es capaz de provocar lágrimas sinceras como respuesta a unas imágenes igualmente sinceras, limpias, honestas y profundamente humanas.

La interpretación del niño Jacob Tremblay es extraordinaria, honda, sentida. Julia Roberts y Owen Wilson le dan una réplica perfecta, pero él domina esta honesta película. Que además -y se lo agradezco- hace un homenaje al cine como refugio y consuelo con el estupendo uso de la saga galáctica en la que el pequeño protagonista se acurruca. El buen cine no tiene por qué ser siempre una cama de faquir.

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