Bocados de realidad

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En un mundo fragmentado y poliédrico como el actual sería imposible abordar la construcción de una colección de arte contemporáneo sin tener en cuenta premisas como la alterinidad, los géneros, la diferencia, el postcolonialismo o las reordenaciones sociales, políticas, sentimentales y geográficas que se están produciendo desde nuestras fronteras líquidas cada vez más desbordadas.

De ahí parte la dificultad de organizar colecciones como la que en este momento y hasta el próximo 6 de enero presenta la sala Vimcorsa con una selección de 43 piezas procedentes de la Colección de Arte Contemporáneo de Unicaja, una exposición en la que a pesar de no existir un previo boceto de discurso expositivo que intente enlazar unas piezas con otras sí se puede dar aquello que puso en práctica Roger Buergel en la última Documenta, la migración de las formas aquí desde nuestra modesta modernidad.

Formada con las adquisiciones de los distintos certámenes con los que Unicaja ha estado apoyando y difundiendo el arte actual, sobre todo en Andalucía, la exposición comienza por presentarnos una serie de piezas pictóricas y escultóricas en las que se confrontan el minimalismo de Primitivo González con la materia de Álvarez Basso o el neo-Mondrian de José Piñar para dejarnos con la sensación de novedad en los discursos de Oscar Ranz (Con las veinte uñas de mis dedos y pintadas de rojo sangre) en una relectura de la action-painting norteamericana y la Bicha de Miki Leal, palimpsesto de sus intereses iconográficos pasada la época Richard Channing Foundation.

Desde ahí accedemos a una serie de obras entre fotografías, pinturas y objetos escultóricos en las que se dan algunas pinceladas de lo que han supuesto cuestiones como los géneros para el mundo del arte actual a través de piezas como las de Rosalia Banet, la foto-performance 50% de Javier Velasco, las replicantes blancas de Begoña Montalbán, la unión pasional del amor y la muerte en el mantón bordado de Pilar Albarracín, las capturas de realidad en las cajas iluminadas de Dionisio González, La letra con sangre entra y Level of sound, la visión dramática de la Nouvelle cousine en Enrique Marty y el impresionante espejo de Paco Lara.

Insertos ya en la fragmentación del mundo, la siguiente parece dedicarse en cierta medida a cuestiones que afectan el espacio urbano en obras como la hitchcockiana Recuerda de Joseph Guell, el díptico fotográfico Vacaciones en el mar o los fluidos pictóricos de Joaquín Peña Toro, para dejar como en un islote dos de las piezas más destacables de esta exposición, Aliento de Dora García (una nueva muestra de prestidigitación mental) y Ladder of mirror del malagueño Joaquín Ivars, una peligrosa escalera hacia el reflejo de nosotros mismos.

A través del Jaulaworld del también malagueño Carlos Miranda accedemos a la coda final de esta colección, donde destacan obras como el Cuerpo fragmentado de Jesús Marín, las vegetaciones mentales de los MP Rosado Garcés, el juego utópico de Pedro Osákar, la crítica instalación de García/Griñolo y por último la muestra de sonidos de Miguel Soler, uno de los jóvenes artistas andaluces presentes en la exposición.

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