Atraco imperfecto

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película.

Desde la fundadora Rififí de Dassin a Heat de Mann, pasando por La jungla de asfalto de Huston, Atraco perfecto de Kubrick o Supergolpe en Manhattan de Lumet, son muchas las grandes películas de atracos perfectos, casi siempre enriquecidas por personajes complejos y un pesimismo muy de cine negro. Lo habitual es que el golpe perfecto no lo sea tanto, salga mal y sus desesperados perpetradores -que casi siempre están al final de sus carreras y lo planean como una jubilación- acaben aún peor. Juego de ladrones. El atraco perfecto no figurará en la galería de honor de esta variante del film noir.

El hasta ahora realizador de vídeos musicales y escritor de guiones olvidables (Diablo y Objetivo Londres) Christian Gudegast debuta como director con esta igualmente olvidable película de atraco perfecto -más bien súper atraco, porque es el más ambicioso desde que Goldfinger intentó cargarse Fort Knox- que intenta, sin conseguirlo, fundir testosterona y psicología, espectacularidad y drama, como si siguiera los pasos de algunas de sus más brillantes predecesoras, especialmente los de Heat. La épica de la derrota tan al estilo Huston -los perdedores como héroes trágicos- y la inversión ética -los ladrones son los buenos y los polis los malos- tampoco le funciona. Con tanto músculo y testosterona (una marca de los anteriores guiones de Gudegast interpretados por Vin Diesel y Gerard Butler, también intérprete de esta película) es muy difícil crear los tipos trágicos de ladrones que interpretaron Jean Servais, Sterling Haydn o Robert de Niro. Sus intentos de dar espesor u originalidad a la película naufragan e incluso la lastran quitándole la ligereza del cine de acción sin pretensiones. ¿Qué queda? Entretenimiento rutinario y ruido, mucho ruido.

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