Crítica de Música

Apoteosis de la danza

Apoteosis de la danza Apoteosis de la danza

Apoteosis de la danza

Aunque persisten las dudas sobre su origen, parece que la chacona (emblema, junto con la zarabanda, de la música popular de nuestro siglo XVII) pudo venir de América: "De las Indias a Sevilla ha venido por la posta", escribe Lope de Vega. Y Cervantes, que la cita repetidas veces en sus obras, se refiere a ella como "india amulatada"; y destaca que su baile desenfadado es "más ancho que la mar". Por eso, fue buena la idea de Lorenzo Ramos de sugerir a Miquel Ortega (1963) la composición de una obra homenaje a la Orquesta de Córdoba basada en el tema musical de la chacona tal y como aparece en la célebre A la vida bona (1624) de Juan Arañés. Y brillante me pareció también la decisión del compositor de rodearla de danzas iberoamericanas posiblemente emparentadas con la vieja chacona. La suite de Miquel Ortega me pareció una obra magnífica, muy bien construida, llena de momentos de inspiración (Zamba, Choro) y -cualidad que a veces se olvida- hecha a la medida del encargo: mostrar las virtudes de la orquesta y de sus mejores músicos. Ellos y su director estuvieron a la altura de una obra que volvería a escuchar con mucho gusto.

La Sinfonía Séptima de Beethoven también fue objeto de una más que notable interpretación por parte de Ramos y sus músicos. Quienes prefieren versiones que sacrifican la levedad al peso pudieran sentirse confundidos con la ligereza de tempi; en especial, en el arranque de la sinfonía y en el segundo movimiento. Por mi parte, la concepción de este Allegretto archiconocido me resultó plenamente convincente y hasta estimulante. No así ciertos momentos de los movimientos primero y último que adolecieron a mi juicio de cierta falta de claridad en el equilibrio de los diferentes planos tímbricos. Pero el conjunto fue de altura. Y me sentí orgulloso de ser conciudadano de esta magnífica formación musical y de la labor realizada, muy positiva en mi opinión, por Lorenzo Ramos en estos años difíciles.

No me he podido resistir al tópico de titular esta crítica con el calificativo que dedicó Wagner a la maravillosa Séptima de Beethoven. En efecto, todo el concierto con que la Orquesta de Córdoba clausuraba el viernes su temporada de abono parecía ponerse bajo esa etiqueta de una "apoteosis de la danza".

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