Aires andaluces de renovación

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Hace 60 años, el café parisino Le Rond Point acogía el nacimiento del Equipo 57 y Denise René, reconocida galerista que apostó por el arte cinético, los abrazaba de inmediato. Formado por escultores, pintores y arquitectos con una imaginación desbordante, este grupo de creadores influidos por el danés Richard Mortensen vieron en las formas geométricas la más bella expresión del arte. La importancia ejemplar del pionero Equipo 57 radica no sólo en el rigor de su obra geométrica, sino en la actitud con que se enfrentaron al hecho artístico, en su postura de denuncia de los mecanismos de producción y mercado. "Ellos renunciaron a la individualidad del artista en favor de una identidad colectiva como señal de la búsqueda de una función social del arte que integre el arte en la sociedad", remarcó una de las comisarias de la nueva exposición en el Centro Federico García Lorca de Granada, Carmen Aranguren, durante la presentación de Abstracción andaluza 1957-1982.

La formación a la que pertenecieron José Duarte, Agustín Ibarrola y Juan Serrano no podía faltar en esta muestra que concentra hasta el 30 de marzo en Granada obras vanguardistas elaboradas, en su mayoría, por autores andaluces abstractos durante la segunda mitad del siglo XX. El punto de partida sitúa al visitante en un mundo con predilección por la escuadra -muchos de los artistas eran arquitectos- lleno de curvas muy sesentas, líneas superpuestas y colores intensos. "El Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid decide en 1968 invitar a una serie de creadores a experimentar con el arte abstracto a través de computadoras. Ese fue un punto de inflexión importante en esta vertiente", explicó con mimo Aranguren.

Imperdibles serán por lo tanto los dos óleos de Manuel Barbadillo (Aneida, Ameroz), "el primero en el mundo que hace arte con una computadora", defiende la comisaria, y de Tomás García Asensio, productos de aquel "experimento" donde se aplicaron los últimos avances tecnológicos de la incipiente informática a la creatividad plástica. En esta primera sala dedicada a la abstracción geométrica también se pueden ver dos gouaches del Equipo 57, el óleo Rojo y negro de la granadina Pepa Caballero y una interesante obra en acrílico del malagueño José Bornoy.

La segunda sala se reserva a los dos "pesos pesados", en palabras de Aranguren, de este movimiento vanguardista: los granadinos Manuel Rivera y José Guerrero. El primer artista fue miembro con los pintores Antonio Saura Rafael Canogar, Luis Feito, Juana Francés, Manolo Millares, Manuel Rivera y Antonio Suárez del colectivo El Paso, fundado en Madrid al mismo tiempo que el Equipo 57. Su actividad fue una audaz labor que tendió un puente entre una modernidad invertebrada y una vanguardia radical en un momento precario y gris de la historia de España.

"Algunos de ellos, como Rivera, fueron pioneros en el informalismo -movimiento pictórico donde los materiales utilizados desempeñan un papel esencial- como Millares con las arpilleras -pieza textil gruesa-, Lucio Muñoz con la madera y Rivera con las mallas metálicas", detalló la comisaria mientras observaba Metamorfosis (Romera), una de las obras "más rotundas" de la muestra en la que se observa una gran tela metálica desplegada.

De José Guerrero se exhibe un gran óleo en rojo y azul sin título que pinta en 1965, un año antes de la creación de La brecha de Víznar, y que regala a la familia Lorca. De esta última creación, el crítico de arte Juan Manuel Bonet dice que es "una transparente alegoría, en ocres, grises, rojos y negros, del asesinato de Federico García Lorca, cuadro que empezó a pintar en Nueva York y terminó en Madrid, y que versionaría en dos ocasiones sucesivas (1979-1980 y 1989)".

Entre tanto experimento, es imposible que pasen desapercibidas las dos únicas obras de Rafael Alberti en toda la exposición. La primera, titulada Cuando crezcas Aitana, contiene un dibujo a tinta del gaditano junto a unas líneas dedicadas a su hija: "Cuando crezcas, Aitana, enseñarás al mar astronomía. De lejostiene el mar conversación de bosque. ¿Tiene el bosque en su umbría conversación de mar?". La segunda, un gouache llamado Pintura, hace entender el futuro que le hubiera esperado al literato si hubiera escogido el pincel y no la pluma. Cuenta la historia que antes de que quisiera ser poeta, Alberti quería meterse a pintor. En 1992, el literato gaditano expuso en el Ateneo de Madrid, donde se encontraba con su familia desde 1917, unos cuadros que vino pintando desde 1920 y que sería "la primera exposición abstracta de un artista español", señaló Aranguren orgullosa durante la presentación de esta muestra con 68 obras procedentes de coleccionistas personales, autores, administraciones y museos.

La apuesta expositiva del Centro Lorca progresa hasta las representaciones artísticas de la década de los 70 y los primeros años 80 con obras de Miguel Rodríguez-Acosta o Pablo Sycet, junto a generaciones posteriores "que ya habían visto a Jackson Pollock", según recalcó la comisaria, y que presentaron sus propios estilos tras ver las obras de sus antecesores. Aires andaluces de renovación que, tras la celebración de la primera edición de ARCO en 1982, dejaron de ser innovadores pero nunca, ni ahora en el siglo XXI, menos audaces en un contexto precario donde el arte contemporáneo se abría paso a marchas forzadas.

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