Adiós a un genio

  • Brasilia se paraliza para despedir a su creador, un dolor que se trasladó más allá de las fronteras del país natal del arquitecto.

La capital de Brasil despidió ayer al arquitecto Oscar Niemeyer, uno de los padres de esta ciudad construida hace medio siglo en las sabanas del centro del país, para rendirle un último homenaje al genio de la curva en el cemento. El féretro del genial creador, cubierto con la bandera de su país, fue trasladado en un avión de la Presidencia desde Río de Janeiro, su ciudad natal y en la que falleció la noche del miércoles a los 104 años, y recibido después en la Base Aérea de Brasilia por una guardia de honor militar.

Después de un recorrido de varios kilómetros bajo un sol canicular hasta el Palacio de Planalto, el ataúd, cargado a hombros por la guardia fúnebre de la Policía Federal, subió la rampa de la sede presidencial flanqueado por el cuerpo de los Dragones de la Independencia, honor reservado para jefes de Estado. Vestida de negro, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que acompañaba a la viuda, Vera Lucia Cabreira, esperó en la parte superior de la rampa el paso del ataúd y aplaudió cuando los restos del premiado arquitecto y militante comunista traspasaron el umbral del palacio. Rousseff decretó un luto oficial de siete días, la misma medida adoptada por el Distrito Federal de Brasilia.

Para la capital brasileña, Niemeyer diseñó, entre otros, los palacios de Planalto (sede de la Presidencia), da Alvorada (residencia oficial) y de Itamaraty (cancillería); el Congreso Nacional, el Palacio de Justicia, la sede del Supremo Tribunal Federal y de los ministerios, alineados uno al lado del otro a lo largo de una explanada, así como la catedral. Tuvo como socio para ello al urbanista Lucio Costa, que proyectó el llamado plano piloto sobre el que se trazó la urbe, que comenzó a ser levantada en medio de la nada y fue inaugurada en 1960. La ciudad fue declarada patrimonio cultural de la humanidad de la Unesco en 1987.

Al conocer la noticia del fallecimiento, la presidenta brasileña definió a Niemeyer como "genio" y "revolucionario", ofreció a sus familiares el palacio presidencial para una ceremonia oficial de despedida en la que participaron las máximas autoridades de los tres poderes. Al acto se sumaron delegados de Argentina, Uruguay y Venezuela que participan estos días en la cumbre del Mercosur en Brasilia. Fue una ceremonia sobria con la que la clase política brasileña rindió homenaje al padre del modernismo arquitectónico, al hombre que en sus obras moldeó el hormigón para darle una levedad que hasta entonces parecía imposible para tal material, aparte de ese rasgo tan característico en sus trabajos: la sensualidad de la curva.

Niemeyer, que el próximo día 15 habría cumplido 105 años, ejerció la arquitectura desde 1934 casi hasta el final de sus días. Durante ese tiempo diseñó más de 600 obras repartidas por Brasil y otros países como Francia, España (tan sólo una: el Centro Niemeyer de Avilés), Italia, Estados Unidos, Argelia o Arabia Saudí. No es de extrañar pues el aluvión de muestras de condolencia que se produjo a lo ancho del mundo. Abundaron especialmente las que llegaron desde Francia, debido a la "relación privilegiada" que tuvo el genial creador con el país, como subrayó el presidente Francois Hollande. "Arquitecto de sueño hecho real", lo denominó por su parte el primer ministro galo, Jean-Marc Ayrault. Aunque uno de los recuerdos más hermosos y emocionados vino de Brasil, de parte del cantautor Chico Buarque: "Tuvo una vida muy bonita. Fue uno de los mayores artistas de su tiempo y un hombre mayor que su arte".

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