El terrorismo y la violencia sectaria marcan la visita de Clinton a Belfast

  • La secretaria de Estado de EEUU trata con los líderes políticos norirlandeses la marcha del proceso de paz y las oportunidades económicas que ofrece el fin del conflicto

Belfast recibió ayer a Hillary Clinton en una atmósfera de tensión provocada por los violentos disturbios de los últimos días y la amenaza terrorista, en su nueva visita a Irlanda del Norte y quizá la última como secretaria de Estado de EEUU.

Dentro de la gira europea que llevó a Clinton a Praga, Bruselas y Dublín, la última escala en la capital norirlandesa se presentaba como una ocasión para celebrar su proceso de paz, exitoso pero frágil por la existencia aún de divisiones sectarias entre católicos y protestantes y de grupos opuestos a la vía democrática.

Clinton, que abandonará su cargo en enero, quería abordar con los líderes políticos de la provincia la marcha del proceso de paz y las oportunidades económicas que el fin del conflicto ofrece a sus ciudadanos.

No obstante, sin olvidar los enormes progresos logrados desde la firma del acuerdo de paz del Viernes Santo (1998), sellado gracias, en parte, a los esfuerzos e implicación personal de su marido, el ex presidente Bill Clinton, la jefa de la diplomacia estadounidense se vio ayer obligada a hacer un llamamiento para mantener una paz que muchos dan por hecha.

Nada más lejos de la realidad, a juzgar por los casi 20 policías que resultaron heridos esta semana en enfrentamientos con jóvenes protestantes opuestos a la retirada de la bandera británica del Ayuntamiento de Belfast, que solo ondeará determinados días.

Miles de unionistas (partidarios de la permanencia de la provincia en el Reino Unido) tomaron durante varias noches las calles de diferentes localidades para protestar por la decisión adoptada por la mayoría de los concejales municipales el lunes, que votaron a favor de retirar, por primera vez desde 1906, la Union Jack del consistorio. Por 29 votos a favor y 21 en contra, se aprobó así una moción del partido multiconfesional Alianza, que agrupa a católicos y protestantes, alguno de los cuales recibió amenazas de muerte por este motivo.

"La gente puede tener sólidas convicciones, pero no se debe recurrir a la violencia como vía para expresarlas. El único camino es el pacífico y democrático", señaló ayer Clinton, después de entrevistarse con el ministro principal norirlandés, el unionista Peter Robinson, y su adjunto en el Gobierno de poder compartido, el nacionalista Martin McGuinness.

La secretaria de Estado recordó que en las "sociedades democráticas siempre habrá desacuerdos", pero insistió en que la "violencia nunca será la respuesta aceptable" para solucionarlos, e instó a "todos los partidos" a "trabajar juntos" para hacer frente a "las divisiones sectarias" entre católicos y protestantes, que aún amenazan la paz en la región.

También los grupos disidentes del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) se encargaron ayer de subrayar la inestabilidad de la situación poniendo en estado de alerta a la Policía norirlandesa (PSNI), que halló dos artefactos explosivos en diferentes puntos de la provincia.

El primero fue encontrado la noche del jueves en Londonderry, en el oeste, en el interior de un coche y se trataba de una bomba de fabricación casera con capacidad para dañar vehículos blindados, similar a las usadas en Afganistán contra la fuerzas de seguridad, según explicó ayer el superintendente de la PSNI, Stephen Martin. El segundo artefacto era una carta-bomba depositada también el jueves en un buzón de la localidad de Clough, en el condado nororiental de Down, la cual, advirtió la PSNI, tenía "capacidad para matar o herir gravemente".

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