El resultado de la consulta evidencia la brecha entre ciudadanos y líderes europeos

  • La Comisión Europea trata de vender sus iniciativas al ciudadano y de aplicar tratados

El triunfo del no en el referendo en Irlanda sobre el nuevo tratado europeo castiga para muchos la brecha entre los responsables y los ciudadanos de la Unión Europea (UE), un problema identificado hace años y que parece difícil de solucionar.

"La brecha se agranda entre la estrategia europea y las preocupaciones a corto plazo de los ciudadanos", indicó el secretario de Estado francés para Asuntos Europeos, Jean-Pierre Jouyet, cuyo país ejercerá la presidencia de la UE a partir de julio.

Para Jouyet, esta "dicotomía" nunca fue tan evidente como en las últimas semanas con la disparada de los precios del petróleo y la ira de pescadores y camioneros en varios países de Europa.

Durante tres semanas, la Comisión Europea no reaccionó, pero el pasado miércoles asumió que son necesarias ayudas nacionales para los más vulnerables.

"Muchos de nuestros conciudadanos no llegan a asimilar todo lo que debemos hacer y todo lo que hacemos en Europa", reconocía esta semana el primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, un europeo convencido.

Los dirigentes europeos son conscientes de esta brecha desde hace años y por ello al redactar la Constitución de la UE decidieron convocar una "convención" que incluía a los diputados nacionales y un largo debate público.

La Comisión Europea se esfuerza desde 2005 para vender sus iniciativas para el "ciudadano" o el "consumidor" y "aplica tratados", cuando lo que busca la gente es "un liderazgo político" que los proteja frente a los cambios como la globalización, afirma Pierre Defraigne, del instituto francés de relaciones europeas.

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