La paz que se resiste a llegar

  • Tras dos meses de negociaciones indirectas entre Israel y Siria, los intereses particulares de ambos países parecen ralentizar la llegada de una reconciliación

Israel y Siria no tienen grandes expectativas en las negociaciones de paz que celebran desde hace dos meses con la mediación de Turquía, en un proceso que ambos gobiernos ven como una salida momentánea a sus problemas coyunturales.

En la tercera ronda de negociaciones durante la semana pasada las partes no pusieron de acuerdo ni siquiera sobre cuándo mantendrán contactos directos, prueba de que las divergencias son aún demasiado grandes, o de que, sencillamente, su objetivo no es el de llegar a la paz a corto o medio plazo.

"En el momento en que nosotros sintamos que hemos acordado una base común entre nosotros y los israelíes, que cubra todos los elementos del acuerdo de paz, acordaremos un lugar para las conversaciones directas", dijo la semana pasada el ministro de Exteriores sirio, Walid Mualem, durante un acto en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).

Siria, dijo, ve "prematuro" iniciar negociaciones directas con Israel sin que de por medio tercie un actividad moderadora intensa por parte de EEUU, lo que no es probable que ocurra hasta que el ocupante de la Casa Blanca cambie el próximo 20 de enero.

"Las conversaciones directas necesitan una participación activa de Estados Unidos", reconoció el ministro Mualem, quien también expresó su deseo de involucrar a la Unión Europea, Rusia y Naciones Unidas en un papel que describió como de "garantes".

En ese sentido parece que el objetivo de Damasco es que cualquier proceso de paz con Israel sea al mismo tiempo su trampolín a la comunidad de naciones después de tres años de aislamiento por los sucesos ocurridos en el Líbano desde la muerte de Rafik Hariri el 14 de febrero de 2005.

En los últimos años Siria ha intensificado sus relaciones con Irán y para apartarse de su "aliado" requerirá garantías de que se le abran las puertas de la comunidad de naciones. Quizás también que le quiten de encima al Tribunal Especial para el Líbano, que debe comenzar sus funciones las próximas semanas para averiguar, entre otras cosas, quién asesinó a Hariri y a otras personalidades antisirias.

La creación del tribunal fue decidida tras un largo proceso por el Consejo de Seguridad de la ONU a finales de mayo de 2007, período que coincide con la llegada a Israel de la primera notificación turca acerca de que Damasco estaría interesado en sondear las posibilidades de paz.

Coincidencia o no, una fuente del Ministerio israelí de Exteriores confirmó en una reunión con periodistas hace unos días que dicha notificación era una continuación de dos años de intentos por parte del Gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan.

Pero si los objetivos de Siria en este proceso son confusos, no lo son menos los de Israel, guiada por un primer ministro, Ehud Olmert, que está en la cuerda floja desde hace meses por un escándalo de supuesto soborno.

La fuente diplomática israelí reconoció que en estos momentos el futuro de los Altos del Golán, ocupada por Israel a Siria en 1967, no parece ser el eje central sobre el que giran las negociaciones y que hay "otros intereses" que las guían "tanto de uno como de otro lado".

Intereses como, por ejemplo, la necesidad que tiene Olmert de mantener a los 19 diputados del Partido Laborista en su débil coalición de Gobierno, en una maniobra política similar a una que Ariel Sharon llevó a cabo con la evacuación de Gaza en 2005, con el mismo objetivo.

Para los laboristas, abandonar un Gobierno que en principio está negociando con vecinos enemigos puede resultar en el futuro una estrategia desastrosa porque en las urnas sería acusado de entorpecer su principio más básico: la paz.

Por otro lado, la crítica situación de Olmert, que podría dimitir después del 17 de julio tras el segundo testimonio del empresario Morris Talansky, hacen improbable que pueda firmar un acuerdo de paz que suponga la retirada de los Altos del Golán.

En su primer testimonio Talansky reconoció haber entregado a asesores de Olmert importantes sumas de dinero en sobre cerrado, lo que desató un escándalo que puede costarle el cargo.

En esta coyuntura de intereses, las negociaciones sirio-israelíes parecen una puesta en escena diplomática en la que sólo Turquía está realmente interesada en que se lleven a cabo, quizás también porque Erdogan y su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) estén al borde de la ilegalización.

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