Vino y compras entre flores

  • Reponer fuerzas con un salmorejo actualizado, tomarse unos medios de vino de la tierra o comprar un frasco de fragancia de flores: la ruta por los Patios va más allá de los jazmines y las gitanillas

Los Patios no son sólo gitanillas, claveles y muros encalados. Cuando el empedrado cordobés amenaza con atravesar las suelas de los zapatos, los pies se resienten y hasta marea el olor de los jazmines, el turista debe saber que ha llegado el momento de guardarse el folleto de las rutas en el bolsillo y darle un respiro a los sentidos. Si uno se encuentra en el Alcázar Viejo, una de las opciones para realizar un alto en el camino y recuperarse de la sobredosis de Mayo Festivo es la taberna La Viuda, en el número 55 de San Basilio, un buen destino para activar el gusto y permitir que descansen el olfato y la vista.

El local está especializado en cocina de autor: "Son platos de la gastronomía tradicional que han sido rediseñados. En la carta hay salmorejo, por ejemplo, pero se trata de una receta original", describe el propietario del restaurante, Francisco Rosales. El tomatito de La Viuda -así se llama la creación resultante- es una especie de "salmorejo light, que no se hace pesado y no se repite", dice Rosales. Es decir, perfecto para matar el gusanillo del hambre y coger carrerilla para continuar el itinerario de patios y rejas. La tortilla de rabo de toro -a la que se añaden puerros y setas- es otra opción, así como la lasaña de morcilla: "Se le quita toda la potencia a la morcilla y se queda mucho más suave", describe su autor. "Y todo son productos naturales, sin abono, porque nuestra intención es que el cliente tenga una larga vida", bromea el propietario. Además de ser la "única taberna con carta de autor", en La Viuda también hay buenos vinos de la Denominación de Origen, otra forma de darle chispa a un día de patios.

Y, si el recorrido se hace un fin de semana, pasar por el mesón San Basilio también puede ser una buena opción. "Son días especiales y por eso preparamos tortilla de patatas, pinchitos y pimientos fritos, algo rápido para que los turistas no pierdan la energía", narra el responsable del restaurante, Ericeo Onetti. Si se va con un poco de tiempo, lo mejor es decantarse por los platos típicos de la gastronomía local: el salmorejo, las berenjenas fritas y el rabo de toro. Y, para beber, los caldos de su propia bodega.

Puede que el turista haya elegido otra zona del Casco Histórico para irse de Patios. A tres pasos de la iglesia de San Agustín, en la calle Ocaña, Las Beatillas es otro establecimiento donde calmar la sed de los rosales y las gitanillas. "El plato más solicitado es el salmorejo, porque el tiempo acompaña", indica el encargado de la taberna, Antonio Sánchez. Los encargados de la cocina seleccionan con mimo los tomates y el aceite de oliva del salmorejo y el pan, siempre, sale de los hornos de los Hermanos Muñoz, "porque no vale cualquier tipo de masa", distingue Sánchez. Si el comensal busca algo más consistente para aliviar el estómago, la fritura de pescado y el rabo de toro son buenas opciones, si bien los "platos fresquitos" como los boquerones en vinagre o las huevas en vinagreta son lo más recurrente en esta época del año.

"Los turistas extranjeros se decantan más por el salmorejo, mientras que los visitantes españoles prefieren platos más fuertes, como los guisos", dice Sánchez, quien reconoce que tanto en Semana Santa como este mes "el turismo es fundamental para que los restaurantes puedan seguir adelante". En lo que hay casi unanimidad es en la bebida. Aquí lo que manda es el caldo de la tierra: "El Montilla-Moriles es insuperable", subraya el responsable del local, donde pueden degustarse productos de las bodegas Mora Chacón y Toro-Albalá, de Aguilar de la Frontera. Otro lugar de la zona al que el turista puede encaminarse para degustar excelentes vinos y que el propio Antonio Sánchez recomienda es la taberna La Sacristía, en Santa Marina.

Una vez satisfechas las ganas de fotos junto a los pozos y los rosales y cubiertas las necesidades de comida y bebida, existe la posibilidad de que el turista quiera llevarse a su casa un trocito del Mayo Cordobés. Parece algo imposible, pero puede hacerlo si se acerca a San Basilio, 50. En el recinto de la Asociación de Amigos de los Patios, la empresa Esencia de los Patios embotella un perfume con denominación de origen cordobés. Por 20 euros, el visitante puede elegir entre nueve variedades "muy fresquitas con olores que los andaluces llevamos en la sangre", dice su creador, Francisco Rosales. Su abuela era boticaria y de ella heredó el interés por la química. Ahora embotella su creatividad en pequeñas ánforas de cristal que ya han suscitado el interés de distribuidores de Estados Unidos y que muy pronto podrán venderse a través de internet.

En otra dependencia del inmueble, los visitantes pueden completar su jornada de paseo, gastronomía y compras en la tienda de Isabola, una firma cordobesa especializada en bisutería manufacturada con plastilina especial. Desde las 11:30 hasta que se hace la noche, las hermanas Inmaculada e Isabel Moya obtienen de una pasta de colores todo tipo de complementos, desde pendientes hasta colgantes. Los precios van desde los diez euros en adelante: "La respuesta del público ha sido bastante buena y en la última edición del Mercado Medieval el platero Antonio Dorado se interesó por nuestra creación y ahora colabora", relata Isabel, la impulsora del proyecto. En la imagen de marca, su hermana posa cual Chiquita Piconera, claro está, con un collar de bolas de plastilina horneada.

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