Madurez e ilusión entre cal y flores

  • Los patios más veteranos compiten con los noveles en el concurso popular

Corría el mes de mayo de la década de los 80 cuando la Reina Sofía, atraída por el encanto cordobés en esta época del año, se citó en el patio de San Basilio, 22. La visita fue breve, de sólo unos minutos, pero más que suficiente como para "enamorarse" del colorido de los zarcillos que caracterizan a este recinto que la cordobesa Ana de Austria cuida desde hace más de 30 años. Es sólo una de las miles de anécdotas que los propietarios más veteranos de los patios cordobeses cuentan a sus más íntimos. Al margen de la Reina, por esta vivienda situada en el corazón del barrio de San Basilio han pasado aristócratas como la Duquesa de Alba, que se definió como "gran aficionada" a las plantas y las flores de esta ciudad, toreros afamados, prestigiosos literatos y políticos de nivel. De algunos de ellos existe testimonio fotográfico y de otros, sin embargo, sólo el recuerdo de quienes presenciaron la visita.

Los piropos a los patios son innumerables, tanto de personajes populares como de turistas anónimos que apuran hasta el cierre de estas casas para detenerse en los detalles. Hay quien los expresa a través de la palabra y a quienes les basta con un simple gesto. Ésta es la mejor recompensa para los titulares que llevan más décadas ofreciendo su patio a los muchos miles de turistas que se acercan. Así lo apunta, al menos, Ana Muñoz Fimia, la cuidadora y hermana de la propietaria del patio de la calle Tinte,9. "Nos encanta que vengan y digan lo bonito que es esto o aquello otro y quizás sea eso lo que nos lleva a seguir presentándonos al concurso, porque el trabajazo que supone es demasiado para la edad que tenemos", señala esta cordobesa de 71 años de edad.

San Basilio, 22 y Tinte,9 son, junto a otros como Marroquíes,6 y Trueque,4, algunos de los patios que suman más participaciones en el certamen que se desarrolla en la ciudad en la primera quincena del Mayo Festivo. Su veteranía no sólo queda palpable además al echar un vistazo a las páginas ya amarillas de las guías de patios de los años 70 o a los cuadros de honor de hace décadas. Su madurez se ve reflejada también en el sumo fiel reflejo de la tradición y en el cuidado de cada detalle: el pozo árabe, la pila antigua, la puerta de los retretes en uno de los laterales o en la inmensa pared encalada.

Sin embargo, en estos patios veteranos también han cambiado los hábitos de forma más que notable. Cada vez son menos los propietarios que, como hacían antaño, se arriesgan a subir a una escalera para blanquear los muros sobre los que se alinean las macetas o para teñir de azul o verde los tiestos de las gitanillas, geranio, begonias o azucenas. "Por nuestra edad ya no es posible subir a la escalera para hacer todos estos trabajos, por lo que tenemos que recurrir a la ayuda exterior", señala Ana de Austria. A diferencia de hace sólo unos años, por estas casas pasan ahora pintores y jardineros para poner los patios a punto, lo que va reduciendo las ganas de los titulares a presentarse al certamen.

"Éste será el último año que estemos en el concurso". Ana Muñoz y Ana de Austria coinciden al pronunciar esta frase. Ambas parecen cansadas, aunque también aseguran que, después de "tantísimos años", les dolería cerrar los patios en el mes de mayo. Los visitantes que las oyen cuando anuncian su abandono las animan, pero "todo será cuestión de tiempo para ver si el año que viene seguimos en la lista de patios inscritos". Su presencia depende además de la colaboración del Ayuntamiento, como apunta la propietaria de San Basilio,22.

En el extremo opuesto, tal vez con más ilusión, se encuentran los titulares de los patios que llevan menos años en el certamen. La juventud de estos propietarios les hace afrontar el concurso con una idea de mayor perpetuidad o, al menos, no ven cercano el día que dejen de abrir sus patios a los turistas. En esta situación se encuentra, por ejemplo, María Prieto, titular del recinto de la calle Alvar Rodríguez. Aunque no lleva 30 ni 40 años en el Concurso Popular de Patios -su debut se produjo en 2007-, esta cordobesa presume de su experiencia en el cuidado de los patios. "Cuando era niña veía el patio de San Juan de Palomares y siempre soñé con tener el mío propio", precisa esta vecina del barrio de San Lorenzo.

En una situación muy parecida -también novel- se encuentra la lucentina Araceli López, titular del patio de San Martín de Roa,2, característico porque utiliza parte del tramo de la Muralla que se encuentra más próxima a la Puerta de Sevilla. Es precisamente este detalle el que suele gustar en mayor medida a los turistas, también cautivados por la distribución laberíntica de este recinto, la variedad floral y los múltiples detalles de cerámica y madera que se extienden a lo largo de este patio, presente en el certamen por cuarto año consecutivo.

Los titulares de estos patios sí dejan claro que el hecho de que lleven menos tiempo en el concurso no es sinónimo de menor calidad artística. De hecho, la mayor parte de ellos -de arquitectura moderna- disponen de buenos ejemplos de pozos y pilas y numerosas flores y plantas que no tienen nada que envidiar a los patios de mayor recorrido histórico en la ciudad.

En cualquier caso, unos y otros componen un universo que hace que cada mayo Córdoba bulla y que sean muchos miles los turistas que llegan a la ciudad, no sólo procedentes del resto de la geografía española sino también de otros países. En este sentido, la cuidadora del patio de Tinte,9 bromea al apuntar que cuando viene un turista extranjero sin un guía que le traduzca "nos entendemos como podemos con ellos, pero, claro, es imposible explicarles cómo va esto de los patios", concluye.

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