jazz

La semilla africana del jazz

  • Grandes músicos, desde Art Blakey hasta John Coltrane pasando por Horace Silver, atestiguan el profundo vínculo -también político- de los 'jazzmen' con sus ancestros del continente negro

El baterista, compositor y líder de grupo Art Blakey (1919-1990), durante un concierto en una imagen sin fechar. El baterista, compositor y líder de grupo Art Blakey (1919-1990), durante un concierto en una imagen sin fechar.

El baterista, compositor y líder de grupo Art Blakey (1919-1990), durante un concierto en una imagen sin fechar. / d. s.

Al definir un género musical mediante la abstracción de sus rasgos formales, se tiende a separar esa música de las búsquedas y hallazgos en las que se fraguó y de los encuentros y mezclas que lo hicieron cristalizar como género. Habría que ser prudentes y no aplicar esquemas muy generales y mecánicos para no ignorar la creatividad individual de los músicos y la interacción con las audiencias. Y sobre todo no perder de vista la intuición y la perspicacia de algunos músicos capaces de trascender lo que les viene dado, de articular nuevas sonoridades que rompen y amplían los límites formales.

La implicación directa de los músicos afronorteamericanos de jazz en los conflictos generados por la segregación racial en Estados Unidos, entre las décadas de 1950 y 1960, determinó el interés de estos por las raíces africanas de la cultura estadounidense. El Movimiento por los Derechos Civiles fue una larga lucha no-violenta de los ciudadanos negros por el acceso a los derechos civiles y a la igualdad ante la ley. Afirmar el origen africano de la comunidad y la cultura negra frente a la cultura blanca occidental norteamericana fue una forma de autoafirmación identitaria que también se manifestó en su música. Muchos de los intérpretes que se interesaron por la música y percusiones afrocubanas lo hicieron atraídos por su fuerte componente africano.

No pocos creadores se hicieron miembros de la Nation of Islam y cambiaron sus nombres por otros musulmanes. En aquel momento, además, la atracción hacia las músicas de culturas no occidentales representó un gesto de identificación y solidaridad hacia culturas que habían estado subordinadas al poder colonial, occidental y blanco, el cual las rechazó y menospreció por considerarlas expresiones primitivas y salvajes. Las luchas anticoloniales y la posterior independencia de las colonias africanas, y en general del entonces llamado Tercer Mundo, fueron seguidas con atención por los activistas negros. Un papel relevante lo jugó el proceso de independencia de India y la figura de Gandhi como símbolo del anticolonialismo y la resistencia pacífica. Se convirtió en un modelo muy importante para las organizaciones del Movimiento por los Derechos Civiles. La resistencia pacífica llegó a ser su principal estrategia junto a las manifestaciones masivas. Espiritualidad, desobediencia civil, etnicidad y libertad eran ideas firmemente repetidas en los discursos del Movimiento por los Derechos Civiles en los años 60 que se reflejó en el mundo del jazz.

Art Blakey incorporó una sección de percusión afrocubana en Orgy in Beat (1957) y en Drum Suite (1957) incorporó tres bateristas y dos percusionistas (el puertorriqueño Sabú Martínez y el cubano Cándido Camero); más tarde, en la misma línea, grabó The Witch Doctor (1961), y Art Blakey and The Afro-Drum Ensemble: The African Beat (1962) en el que incluyó un grupo de músicos africanos. John Coltrane grabó Africa Brass (1961), y poco después el tema Afro Blue, del percusionista cubano Mongo Santamaría, incluido en el álbum Live at Birdland (1963). El bajista Ahmed Abdul-Malik, neoyorquino de origen sudanés, grabó en 1960 East Meets West y en 1962, Jazz Sounds Of Africa, uniendo sonidos de África, Oriente Próximo y jazz, y utilizando darbuka, tambores, bongós, congas, violonchelo y trompeta en una de las primeras fusiones más equilibradas entre musicalidad africana y jazz. En ese mismo momento, Horace Silver, después de un viaje a Río de Janeiro cuando la bossa nova iniciaba a despuntar, comenzó a interesarse por sus raíces portuguesas y la música de Cabo Verde, de donde procedía la familia de su padre. Este interés se reflejaría en sus grabaciones Song for my father (1963) y The Cape Verdean Blues (1965). Otro pianista, Randy Weston, grabó Bantú Suite (1958) y Uhuru Africa (1960). Weston, de padre panameño de origen jamaicano, viajó a través de África entre 1961 y 1963. En 1967 realizó una gira por 14 países africanos organizada por el Gobierno de Washington, y al finalizarla se instaló en Tánger, donde permaneció seis años dirigiendo un club de jazz. En Marruecos trabó amistad con el músico Abdellah Boulkhair El Gourd y a través de él descubrió la música gnawa. Los gnawas pertenecen a un grupo religioso musulmán formado por descendientes de esclavos negros llegados a Marruecos desde las regiones subsaharianas. Weston encontró en ellos una situación y espiritualidad parecida a la de los afronorteamericanos. Desde entonces la música gnawa ha sido una influencia constante en su trabajo.

Si el rol y la percepción de los músicos de jazz cambió con la generación del bop, pasando de sentirse intérpretes a reconocerse creadores, la efervescencia creativa que el jazz vivió en torno al cambio de década de los 50 a los 60 incentivó la búsqueda creativa de los músicos más jóvenes. A la vez que intentaban evitar la repetición de fórmulas derivadas del bop, buscaron activar su música más allá de las convenciones que dominaban el jazz, y la música africana fue un referente. Simultáneamente, en ese momento, comenzaba a sonar el free jazz y daba comienzo la expansión sonora que todavía hoy caracteriza a este frondoso género del siglo XX.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios