La locura cotidiana

  • Bel Air publica la visión que Dmitri Tcherniakov dejó del 'Wozzeck' de Alban Berg en el Bolshoi de Moscú.

Berg: Wozzeck. Solistas. Teatro Bolshoi. Teodor Currentzis. Dmitri Tcherniakov. Bel Air (DVD) (Harmonia Mundi).

En mayo de 1914 se estrena en Viena Wozzeck (título consagrado por una errata arrastrada en el tiempo que solo se corregiría al original Woyzeck en una edición de 1920), un drama concebido y nunca concluido por Georg Büchner en 1836, muy poco antes de su prematura muerte. Alban Berg asiste al acontecimiento y queda impresionado: "Esta obra está pidiendo que se le ponga música con urgencia". Él mismo se encargará de hacerlo, lo que, pasada la traumática experiencia de la guerra, le llevará hasta 1922.

Estrenada finalmente en Berlín en 1925 con dirección musical del progresista Erich Kleiber, Wozzeck nació, pese a la naturaleza atonal de su música, como un auténtico clásico, condición que no ha perdido en absoluto. No en vano, Berg, el más lírico y cercano a la tradición expresionista de la Segunda Escuela de Viena, seleccionó quince escenas del material original de Büchner y construyó cada una de ellas recurriendo a una forma consagrada por la historia (de la passacaglia al rondó, la forma sonata, el scherzo o diversos tipos de invenciones). La obra no es otra cosa que un drama despiadado sobre la alienación y la humillación de los débiles, sobre la brutalidad y la explotación, sobre el odio, la crueldad y la locura, una temática que el propio compositor llegó a sentir muy cercano: "Hay un poco de mí mismo en este personaje, en la medida en que he pasado estos años de la guerra dependiendo, igual que él, de gentes a las que odiaba. He estado encadenado, enfermo, cautivo, resignado, en una palabra: humillado".

En noviembre de 2010, el Bolshoi de Moscú presentó, 83 años después de su primera y única presencia en Rusia (San Petersburgo, 1927), una nueva producción de Wozzeck confiada a dos de los enfants terribles de la actual escena europea, el regista Dmitri Tcherniakov y el director musical Teodor Currentzis. El Wozzeck de Tcherniakov es un oficinista trasladado a una inconcreta ciudad actual. Su drama de degradación e infamia se hace así cercano, instalándose sin histerias en la existencia cotidiana de miles de corrientes ciudadanos occidentales, que son magníficamente retratados tanto en esa especie de gran apartamento de doce estancias que ocupa la escena y en los que se masca la soledad y la incomunicación, como en el bar, con esa gran pantalla que sintoniza permanentemente un canal deportivo. Tcherniakov parece querer advertirnos de que el horror que ha ocupado el espacio de la rutina en la vida del protagonista se ha instalado entre nosotros (¿alguna vez dejó de estarlo?) y nada de lo que le ocurre a Wozzeck debería de resultarnos ajeno.

Currentzis se encarga con su visceral batuta de marcar el carácter expresionista de la música con una interpretación que se mueve entre el lirismo más sutil y la más descarnada violencia. Georg Nigl (Wozzeck) y Mardi Byers (Marie) forman una excelente pareja protagonista y sus compañeros de reparto (Maxim Paster, Pyotr Mygunov, Roman Muravitsky, Roman Shulakov, Xenia Vyaznikova…) los secundan con ardor y sin el menor desfallecimiento.

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