Las 50 vidas de Raphael

¡Quién le hubiera dicho a sus humildes padres -él, obrero ferrallista; ella, ama de casa-, que el tercero de los cuatro varones que tuvo el matrimonio saldría artista! Y, más allá… que, Rafael Miguel Martos Sánchez, se convertiría, nada más y nada menos que en Raphael. Claro que desde pequeño apuntaba maneras cuando, con nueve años, recibió el premio a la mejor voz de Europa tras participar, como solista del coro de su colegio, en un festival de música de Salzburgo (Austria).

Después vino Madrid y la "ph", reinterpretación de su nombre que hizo en honor a su primera discográfica, Philips. Una etapa gloriosa durante la que el artista conoció al compositor Manuel Alejandro, responsable de grandes títulos de su trayectoria como Qué sabe nadie, En carne viva o Yo soy aquel. Y es que, desde el principio, el histriónico carisma de Raphael le convirtió en objetivo de comentarios y rumores que acalló al casarse con Natalia Figueroa, a la que conoció en junio de 1968 durante un acto en el Teatro de la Zarzuela.

Y aunque la familia de su mujer, descendiente de Agustín Figueroa, marqués de Santo Floro, se opuso inicialmente al enlace, por la desigual cuna de los contrayentes, el amor de la pareja triunfó y el tiempo les ha dado la razón premiándoles, además, con tres retoños, Alejandra, Jacobo y Manuel. Estos, a su vez, poco a poco van haciendo al matrimonio abuelos, término que, a Raphael en concreto, no le gusta en absoluto. "Son los hijos de mis hijos", ha declarado en más de una ocasión cuando ha sido preguntado al respecto.

Sin descuidar su faceta personal, Raphael ha protagonizado giras mundiales multitudinarias con las que ha ido atesorando millones de seguidores que han celebrado, uno tras otro, éxitos grabados en inglés, alemán, portugués, italiano e incluso japonés. De hecho, por las ventas atesoradas durante su vida ha sido merecedor de un disco de Uranio -concedido por superar los 50 millones de álbumes, del que sólo puede presumir, además, Michael Jackson.

Trasplantado de hígado en 2003, operación a la que tuvo que someterse por un problema hepático que acarreaba desde 1985, el intérprete ha plasmado sus memorias en dos libros, ¿Y mañana, ¿qué? y Quiero vivir, centrado en el proceso de su enfermedad. Un próspero legado en el que no podemos olvidar las películas que protagonizó al principio de su carrera junto a musicales que vinieron después como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Ahora, con el especial televisivo de Nochebuena en capilla, y una nueva apuesta titulada Raphael: 50 años después, donde han participado otros grandes como Serrat, Alejandro Sanz, Joaquín Sabina, Enrique Bumbury o Paloma San Basilio, el mito regresa. Y lo hace con intención de quedarse, como siempre, "digan lo que digan".

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