Análisis de la temporada

Hamilton brilló y Mercedes confirmó su dominio con cuarto título de marcas

  • Fernando Alonso cerró aliviado un trienio para el olvido de McLaren -la segunda escudería más laureada de la historia de la F1-, que sustituirá a partir del año próximo su motor Honda por uno de Renault

Hamilton en su monoplaza Hamilton en su monoplaza

Hamilton en su monoplaza / EFE

El inglés Lewis Hamilton brilló en 2017, año en el que ganó su cuarto título mundial de Fórmula Uno, el tercero con Mercedes, escudería que confirmó su dominio al festejar su cuarta corona seguida de constructores en el campeonato que se cerró el pasado domingo en Abu Dabi, con otro doblete de las flechas de plata.

Después del conseguido en 2008, para McLaren, Hamilton celebró, con 32 años, su tercer título para la escudería de Brackley, al añadir el de esta temporada a los logrados en 2014 y 2015. El excéntrico y espectacular campeón de Stevenage, que dejó matemáticamente resuelto el Mundial en Ciudad de México, hace un mes, lo hizo tras firmar más poles (once) y más victorias (nueve) que nadie.

Tras la prueba de cierre, en la que secundó a su compañero finés Valtteri Bottas -vencedor en Yas Marina- Hamilton sumó este año un total de 363 puntos, 46 más que el alemán Sebastian Vettel, de 30, que había liderado el periplo glorioso de Red Bull -con cuatro títulos de pilotos y constructores entre 2010 y 2013- se conformó con su primer subcampeonato desde que pilota para Ferrari.

Como premio menor, Seb evitó que por cuarta temporada seguida Mercedes acabase con ambos pilotos en las dos primeras plazas del certamen. Después de secundar a Hamilton en sus dos primeros títulos con el monoplaza de Brackley, el alemán Nico Rosberg consiguió invertir puestos el año pasado, relegando a la segunda plaza al inglés, sólo cinco días antes de anunciar su retirada.

Esta vez, Bottas, sustituto de Nico en Mercedes, se tuvo que conformar con acabar tercero en la general -a 12 puntos de Vettel- tras haber celebrado sus tres primeras victorias en la categoría reina: tras imponerse en Rusia y en Austria, ganó, desde la pole y con vuelta rápida la última carrera del año, en Abu Dabi.

Vettel arrancó muy bien el campeonato, con triunfo en la apertura de Melburne (Australia); y tras ganar tres de las seis primeras carreras -en las que nunca bajó del segundo puesto-, salió victorioso de Mónaco con 25 puntos de ventaja en la general.

Hamilton, que había ganado en China y España, acortó distancias con sus éxitos en Canadá y en Silverstone (Inglaterra). Pero el alemán se marchó de vacaciones con 14 puntos sobre el inglés tras liderar un doblete de Ferrari junto al finés Kimi Raikkonen en Hungría.

Ambos habían protagonizado el momento más tenso del año a finales de junio, en el Gran Premio de Azerbaiyán -en Baku-, donde Vettel embistió por detrás a Hamilton cuando éste lideraba la prueba por delante de él, en presencia de un coche de seguridad.

Incidente que se saldó con una advertencia al alemán, tras una carrera muy loca que acabó ganando Daniel Ricciardo (Red Bull), que, al abandonar en Yas Marina, perdió el cuarto puesto en la general final en favor de Kimi, quien sumó 205 puntos, cinco más que el australiano.

Max Verstappen (Red Bull), el más joven vencedor de toda la historia de la F1 (ganó el Gran Premio de España del año pasado con 18 años) acabó sexto el certamen, con 168 puntos. La estrella holandesa añadió dos victorias a su palmarés (en Malasia y en México) y apuntará mucho más alto el año que viene, en un Mundial que tendrá una carrera más que éste: 21, en total, al regresar Alemania y Francia; y caerse la prueba malaya).

El mexicano Sergio Pérez (Force India) fue el mejor del resto y acabó séptimo, con cien puntos, un Mundial en el que su mejor resultado fue un cuarto, en Montmeló (Barcelona). 'Checo' explicó a Efe en Abu Dabi que "este año más que nunca hubo dos categorías en la F1" y que ellos ganaron "el campeonato en la" suya.

El español Fernando Alonso, cerró aliviado un trienio para el olvido de McLaren -la segunda escudería más laureada de la historia de la F1-, que sustituirá a partir del año próximo su motor Honda por uno de Renault. El de la escudería con la que el doble campeón mundial asturiano festejó sus dos títulos (2005 y 2006) y con la que completó las últimas cuatro carreras del año su compatriota Carlos Sainz, después de brillar en las 16 anteriores con Toro Rosso.

Sainz, de 23 años, celebró en Singapur su mejor resultado en F1, al acabar cuarto en Marina Bay; y -a pesar de abandonar en Abu Dabi, por un fallo de sus mecánicos al cambiar sus neumáticos- acabó el Mundial noveno, con 54 puntos, once más que su nuevo compañero en Renault, el alemán Nico Hülkenberg, y que el brasileño Felipe Massa, que el domingo disputó, con Williams, su última carrera en Fórmula Uno.

El brasileño ya se había retirado el año pasado y regresó después de que el alemán Nico Rosberg anunciase sorprendentemente su retirada, sólo cinco días después de ganar el título de 2016 para Mercedes, que entonces fichó a Bottas. Su hueco en el equipo que fundó Sir Frank lo cubrió el veterano piloto paulista.

Alonso, de 36 años, ganador de 32 Grandes Premios -la sexta mejor marca histórica-, pero cuya última victoria data de hace cuatro años y medio (el Gran Premio de España de 2013, con Ferrari) acabó el Mundial decimoquinto, con 17 puntos. Tras ser noveno en Yas Marina, en una temporada -con la vista puesta también en otras categorías- en la que su mejor puesto fue un sexto, en Hungría, y en la que sólo puntuó cinco veces.

Un botín demasiado exiguo para una de las grandes estrellas de la Fórmula Uno, como le definió el nuevo mandamás de la categoría reina del automovilismo, el estadounidense Chase Carey, que indicó a Efe en Abu Dabi que quiere ver al genial piloto asturiano luchando de nuevo por el título.

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