La temática del agua lo inunda todo

  • El hilo conductor de la muestra inspira hasta la vestimenta de las azafatas

"Tendremos suerte si las obras están terminadas para el 14 de septiembre", lamentaba ayer un sufrido taxista parado en Las Delicias, la estación del AVE inaugurada en 2003. El día de la inauguración oficial de la Expo del agua, y en plena carrera contrarreloj, los taxistas se quejaban de que les habían cambiado de parada sin aviso previo. En las inmediaciones de la estación, los obreros se afanaban por terminar el aparcamiento. "Si el AVE llega a Zaragoza desde hace dos años el aparcamiento podría estar listo ya", continuaba quejándose el taxista. A sólo unas horas de la gran puesta de largo, en Zaragoza aún había rastros de las frenéticas obras de las últimas semanas. Hormigoneras, bolsas de cemento, palés amontonados, envoltorios de material eléctrico, eran el paisaje en las inmediaciones del recinto.

Por las calles de la Expo paseaban azafatas y voluntarios vestidos con trajes diseñados por el zaragozano Antonio Jiménez que se inspiró en la Torre del Agua, el emblemático edificio de la Expo en forma de gota de lluvia, para confeccionar los uniformes -de color azul agua, por supuesto- y que tienen como característica llamativa un gorro en forma de gota de agua. Los ciudadanos de Zaragoza eran un hervidero de anécdotas. Hace semanas que por las calles de la capital de Aragón había carteles y anuncios de la Expo fijados en las farolas; las últimas lluvias los destrozaron. "¿Nadie pensó en hacerlos de plástico?", se preguntaban. "Como no les ha dado tiempo de plantar césped en las jardineras de las avenidas del recinto, las han llenado de gravilla", se quejaban.

La Expo abrirá hoy sus puertas al gran público, pero ayer, junto a los obreros, técnicos y voluntarios, los protagonistas era también los periodistas. Más de 500 llegados de toda España y de diversos países de todo el mundo. Colas de cuatro y cinco horas tuvieron que esperar para acreditarse, un proceso que en otros eventos de estas características no es más que una mero trámite. "He estado en cumbres europeas, foros económicos y nunca he visto una descoordinación parecida", aseguraba una corresponsal alemana. En el centro de prensa, un edificio provisto de salas de edición, ordenadores, platós de televisión, que será el lugar de trabajo de redactores y fotógrafos no había cafetería, tan sólo una máquina de sándwiches y aperitivos que a media mañana ya está desabastecida. Las quejas se reproducían en cada esquina.

Los más entusiastas, a pesar de los nervios, eran los más de 400 técnicos que se encargaron del show inaugural, los protagononistas antes de la gala. "Lo más difícil ha sido coordinarnos con las diferentes empresas. Tenemos que trabajar en equipo y ha sido muy complicado", decían instantes antes del gran estreno.

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