Ni una pregunta para Solbes

EN la sesión de control al Gobierno de ayer en la Cámara baja, el portavoz de ERC, Joan Ridao, le robó el protagonismo al mismísimo Mariano Rajoy al preguntarle a Zapatero de forma desabrida sobre la reforma de la financiación. Pero lo más importante, sin duda, fue la ausencia de preguntas para el vicepresidente económico, una circunstancia que tiene más trascendencia política de lo que pudiera parecer.

El republicano, que pareció hablar por boca de todo el frente catalán en el Congreso -PSC, CiU y ERC-IU-ICV-, acusó al presidente del Ejecutivo socialista de presentar una "hoja de servicios llena de incumplimientos con Cataluña", y le advirtió en tono duro que no se le ocurriera "endosarnos cualquier cosa". "El acuerdo tiene que ser un buen acuerdo, y no tense más la cuerda y no abuse de nuestra paciencia, que no es infinita", sentenció Ridao.

Zapatero, que encajó como pudo la andana de Ridao, apenas si adelantó que "en los próximos días o semanas" Solbes presentará un documento, que pondrá el acento en la financiación de "la sanidad y la educación", tras agotar la ronda de conversaciones que abrió en julio después de presentar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera una propuesta que no convenció a las comunidades autónomas.

Acto seguido, Rajoy planteó a Zapatero una pregunta que tenía por objetivo no sólo insistir en que "los Presupuestos Generales del Estado para 2009 están superados por la realidad" sino en subrayar "la descomunal bajada de pantalones" que suponía el acuerdo presupuestario alcanzado por el Gobierno y el PSOE con el PNV, que ha logrado, a cambio de su voto favorable a las cuentas del Estado, la transferencia parcial del I+D+I y una edad mínima de jubilación para la Ertzaintza.

El tenso debate que generó la pregunta resultó, una vez más, soporífero, a la par que repleto de reproches.

Más chicha tenía la pregunta que inicialmente había preparado Rajoy sobre el gasto público y la estabilidad presupuestaria, dos cuestiones que están en la base de las diferencias que Solbes mantiene hoy por hoy con el mismísimo Zapatero y que han disparado las especulaciones sobre la continuidad del vicepresidente económico en el Gobierno.

Al cambio del contenido de la pregunta de Rajoy, hay que unir que Solbes no fue interpelado ayer ni en una sola ocasión cuando sus últimas manifestaciones en un foro económico madrileño daban, al menos, para preguntarle si comparte la renuncia del presidente del Gobierno al Pacto de Estabilidad presupuestaria, o para recabar su opinión de las advertencias lanzadas en el gobernador del Banco de España sobre los inconvenientes de lanzar la casa por la ventana para intentar salir de la crisis.

Solbes, un probo funcionario público, no tiene perfil de desertor y menos en las actuales circunstancias, pero puede que esté agotando sus últimas semanas en un Gobierno cuyo presidente no ha querido cortar de raíz las especulaciones sobre su inminente renuncia.

Pero para saborear la alta política había que esperar a las preguntas basura. Así, la diputada del PP Dolors Nadal y la ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado, se enzarzaron en un debate escatológico sobre una inversión de 200.000 euros en los servicios de Moncloa. En fin, para que conste en acta.

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