La onda expansiva del factor femenino

DUDAR a estas alturas del maravilloso universo femenino sería miope y sobre todo kamikaze. Nadie necesita panegíricos para comprenderlo. ¿Quién en su sano juicio no suscribiría muchas de las reivindicaciones del feminismo? Lo del trecho que aún nos separa no deja de ser cierto por más que se repita. El problema, en realidad, sigue siendo cómo enfocar el problema. Zapatero actuó en dos fases. Primero, el papelito que se anticipa a la realidad para modificarla. Ley de Igualdad, se llama. Cuánto protestó el PP entonces. No gustaban en Génova las listas paritarias, pero los tiempos cambian, a veces supersónicamente, y ahora Rajoy compite de tú a tú con el PSOE en la designación de mujeres para los áticos del escalafón orgánico.

Después, el presidente se dedicó -se dedica todavía- a proclamar la naturaleza extática de su revelación hasta el punto de convertirla en eje fundamental de sus políticas. Esta segunda fase genera sin embargo algunas deficiencias generalmente asociadas al afán por ser más que el vecino. Si Rajoy coloca a De Cospedal en la Secretaría General, Zapatero reacciona con el golpe de efecto de la jovencísima Pajín. Se trata de movimientos mediáticos que pueden postergar la discusión sobre la idoneidad y valía de las ungidas.

Es cierto que esta premisa dejó de aplicarse siglos atrás a los hombres. Si ellos pueden ocupar cualquier cargo del máximo (o del mínimo) rango sin el respaldo de una sólida trayectoria o una formación granítica, ¿con qué derecho negarle a ellas exactamente las mismas facilidades? El carácter impositivo de las cuotas es engañoso. Cierto que la mujer arrastra retrasos históricos en su familiaridad con el poder (tuvimos reinas y regentas, pero en los últimos setenta años, en la antesala de la democracia, Franco se encargó de que no tocaran bola). Cierto que aún menudea el viejo perfil del magnate en masculino aunque el femenino se escriba igual -salvo de Aído nos diga lo contrario-. ¿Y qué? Ya hay más licenciadas que licenciados. En múltiples ocasiones también son madres y por desgracia amas de casa. Como cargan con todo eso, la cuota se convierte hoy en una obligación moral que bien podría archivarse si algún día se publica el índice de ineptitud entre varones. En torpeza política, como mínimo y hasta que se demuestre lo contrario, predomina el empate técnico.

Digna de observación, admiración e informe es la onda expansiva. Registrada queda la entusiasta transformación de Rajoy, un señor de derechas que, como Fraga, dice que siempre fue de centro aunque ni cocine ni friegue ni planche. En Convergència la cosa está peor: este fin de semana celebran su congreso y, de repente, han caído en la cuenta de que no hay mujeres en la cúpula. Ostras. Tanta estrategia para fallar en el análisis visual, que es lo más fácil del mundo. La motivación es altísima. Sólo falta que Zapatero, Rajoy, Llamazares, Mas, Puigcercós, Urukullu y Quintana cedan gustosos sus asientos a las musas que les inspiran.

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