Los insultos de Castro centran los actos de la Constitución en Madrid

  • Dirigentes del PP acuden a la efeméride con pegatinas pidiendo la dimisión del presidente de la FEMP por llamar "tontos de los cojones" a los votantes de derechas

El protagonismo del acto de conmemoración del XXX aniversario de la Constitución convocado ayer en la Puerta del Sol por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la delegada del Gobierno, Soledad Mestre, no lo centró la Carta Magna sino la última polémica entre populares y socialistas a causa de las ofensas que el presidente de la FEMP, Pedro Castro, dirigió a los votantes de derechas. Los populares reclaman ahora su dimisión por llamar textualmente "tontos de los cojones" a los votantes de derecha, así como por la respuesta de la jefa del Ejecutivo madrileña en la que tachó a los miembros del PSOE de "bellacos".

En un clima de enfrentamiento tras la decisión de los ayuntamientos del PP de Madrid de abandonar la FEMP si Castro no dimite, alcaldes y políticos seguidores de Aguirre acudieron a la Real Casa de Correos con pegatinas en las que se podía leer Por la Constitución, Pedro Castro dimisión y No somos tontos de los cojones.

De hecho, la presidenta regional no esperó a la llegada del alcalde de Getafe y de sus adversarios políticos en el habitual besamanos, de modo que no pudo ver el dispositivo de protección con el que apareció Castro, precedido de la portavoz del PSOE en la Asamblea de Madrid, Maru Menéndez, y escoltado por el secretario general del PSM, Tomás Gómez. Estrella mediática por un día, estuvo protegido en todo momento por diversos socialistas así como por los líderes de CC.OO. y UGT, Javier López y José Ricardo Martínez, respectivamente, cuando Menéndez y Gómez tuvieron que subir al estrado y él no fue reclamado para figurar en la foto institucional.

A pesar de sus intenciones, la avalancha de medios impidió que finalmente pudiera acercarse a la presidenta autonómica, lo que le llevó a momentos de caos y máxima tensión, puesto que no podía moverse entre cámaras y micrófonos en un espacio que no superaba los cinco metros cuadrados.

Así, durante el himno nacional pudo verse a Castro viendo pasar las nubes a través del patio de cristales con gesto muy serio y al borde de las lágrimas. Ni tan siquiera los abrazos, besos y arrumacos de sus compañeros de filas e incluso del presidente de la patronal, Arturo Fernández, lograron sacarle una sonrisa.

De hecho, Fernández, envolviéndole en un gran achuchón, le preguntó: "¿Qué has hecho que tienes a toda la derecha cabreada?", a lo que el alcalde respondió: "¡Ven aquí! ¡Qué contento estoy de verte aquí! Cuando me enteré de lo de Bombay dije: que me lo traigan de vuelta".

Uno de los más vehementes fue el diputado y ex secretario general de los socialistas madrileños, Rafael Simancas, quien se mostró indignado por la actitud del PP y conminó al alcalde de Getafe a "no arrugarse" pese a la presión y la "campaña de difamación" de los populares.

Así, los comentarios en todos los corrillos de los socialistas apuntaban a intentar bajar el nivel de exaltación y esperar hasta la próxima semana cuando la Ejecutiva de la FEMP tratará este asunto.

Entre los pocos populares que saludaron a Castro destacó el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que con un mohín de disgusto y sin pronunciar palabra le dio un apretón de manos. El primer edil madrileño fue uno de los pocos dirigentes que no participó en la reunión de ayer en la que el PP decidió abandonar la FEMP si Castro no dimitía de forma inmediata.

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