Un cielo más pelado que despejado

PRIMERO llegan los fuegos artificiales de la foto en la escalinata monclovita. Después el humo de los grandes anuncios. Y sólo al final el cielo despejado. Tan despejado que casi parece pelado. Sin nuevos planetas que esperancen al astrónomo y den trabajo al telescopio. La presunta bomba informativa es el desbloqueo judicial. Tanto el CGPJ como el Tribunal Constitucional mandarán a paseo sus pesados lastres. Los clanes conservador y progresista firmarán la paz alentados por la responsabilidad de sus políticos. No habrá problemas con los candidatos. Al fin y al cabo, se trata sólo de nombres y España no es país de envidiosos y cainitas. Bravo, José Luis; olé, Mariano. Lo habéis conseguido. Ya tocaba. ¿Acaso importan los pormenores escrupulosamente ignorados? Vistos los antecedentes, dudar es de patriota de hojalata.

Algo más se ha concretado la tarea antiterrorista, donde Rajoy ya no hablará de traidores ni Zapatero fantaseará con la buena fe de los terroristas. Cinco serán los principios inspiradores de la colaboración. A diferencia de la Justicia, aquí sí se ha tasado la acción, por lo que llevarse sorpresas será más difícil.

En el debe, la economía. El desencuentro era previsible desde el instante en que cada contertulio define el fenómeno con palabras distintas y distantes. Bajo el ruido de los reproches queda al menos la sensación de que afortunadamente el presidente ha comprendido la verdadera dimensión de la crisis y está dispuesto a moverse -aunque se muestre reacio a la sobriedad que reclama el PP-. Quizás Rajoy tenga razón cuando advierte que estos tiempos no son los mejores para alegrías como los 400 euros -de hecho, 200 hasta la fecha-. Se trata de regalos que recortan el margen del Gobierno en terrenos más cruciales pero menos vistosos. Zapatero lo ve como una cuestión filosófica. Si Sócrates tragó cicuta con tal de no bajarse del burro de sus creencias, él está dispuesto a imitarle con tal de no renunciar al perfeccionamiento de sus políticas sociales.

Anotemos también en el bloc la constatación del nuevo talante marianil. El líder del PP ha sabido desempeñar en cada ámbito la actitud más recomendable: colaboración ante ETA y rectificación judicial, de un lado, y discurso económico severo, de otro. Todo, aliñado además con el cuidadoso olvido de debates tan significativos como la financiación autonómica o los planes laicosanitarios del PSOE y, por extensión, de ZP.

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