Pedir perdón no está 'chupao'

-Esto está chupao, a no ser que quieras hacer una tesis doctoral.

Comisión de Presupuestos del Congreso de los Diputados. 25 de septiembre de 2003. Un micrófono demasiado hacendoso recoge la conversación. Continúa:

-Sí, pero es complicado, ¿tú prefieres que lo entienda?

-Se te nota todavía inseguro. Has cometido un par de errores. Has dicho que aumenta la progresividad en lo del sistema fiscal y lo que aumenta es la regresividad... pero son chorradas.

-¿He dicho progresividad?

-Lo que tú necesitas saber para esto son dos tardes.

-¿Sabes lo peor de todo esto? Que me gusta.

Pues más le valía al encandilado discípulo, que a la fuerza ahorcan y si no quería café, ahí tiene dos tazas. Entonces sólo era el secretario general del PSOE y podía tomarse con calma lo de cubrir sus lagunas económicas de la mano de su maestro, Jordi Sevilla. Lo de llegar a ser presidente del Gobierno y tener que manejar los destinos y los dineros públicos, eso de lidiar con el toro de los sindicatos y con los reyes de la selva capitalista, los banqueros, no debía entrar aún en los cálculos de Zapatero. ¿Progresividad, regresividad, recesión, ajuste? Esos debates tecnicistas debían sonarle a búlgaro, pero ya han sido anegados por la marea de los tremendos acontecimientos y padecimientos de la crisis, ya sea en vivo o en ciernes.

Eso sí, seguro que nuestro hombre ya domina el tema -que todo buen aprendiz de brujo las caza al vuelo-, por la cuenta que le (nos) trae. Y además nunca faltarán los mensajes reparadores de ese gran carbonero de la fe laica que siempre se levanta de la lona dispuesto a seguir peleando y a dejarse los puños en ese saco de golpes de las cinco des (donde dije digo, digo Diego) tan fresco. ¿Quién prometió que iba a respetar el Estatuto catalán tal cual saliera cocinado del Parlamento catalán? ¿Quién hablaba hasta no hace mucho de lograr el pleno empleo mientras el desbocado caballo cabalga ahora hacia los cuatro millones de parados? ¿Quién autorizó contactos con ETA tras la bomba de la T-4 en el aeropuerto de Barajas pese a que en su comparecencia posterior al atentado que segó dos vidas anunció la suspensión del diálogo con los terroristas?

Pues eso, que las hemerotecas ya le han sacado más de una vez los colores pero nuestro hombre sigue poniendo una gran cara de bueno (o similares) que no se le quita ni cuando se enfada. Le costó mucho, demasiado, admitir la magnitud del problema -ha rehuído el término crisis como alma que lleva al diablo- y ahora nuestro alentador almirante lanza mensajes de esperanza, que "el barco es sólido y conoce muy bien su rumbo" y nos podemos hundir tranquilos.

Ya veremos. Lo más preocupante del balance que hizo el viernes Zapatero es que esa exótica costumbre de los políticos de hacer autocrítica que estrenó el año anterior -cuando asumió sus errores de cálculo sobre ETA y la llegada del AVE a Barcelona- se evaporó. ¿Ahora no tiene nada de lo que arrepentirse? Está visto que la cabra tira al monte, con lo honesto que es decir me he equivocado. Eso está más chupao que la economía. O debería.

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