La situación del país vasco La presumible ausencia de la izquierda 'abertzale' en las urnas enciende el debate

El PNV agita la precampaña

  • Urkullu acusa a los socialistas de "forzar" los resultados de las elecciones autonómicas valiéndose de la Ley de Partidos · El PSE le afea que dé cuerda a los que justifican los asesinatos de Carrasco y Uría

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El presidente del PNV, Íñigo Urkullu, advirtió ayer que a "los jefes de Madrid" del candidato socialista a lehendakari, Patxi López, "siempre" les quedará la posibilidad de usar la Ley de Partidos para "intentar forzar unos resultados electorales que no podrían conseguir de otra manera".

Ahí queda eso. Una apreciación tan fastuosa como polisémica. A menos de cuatro meses para las octavas elecciones vascas -una cita ante la que la hegemonía nacionalista se tambalea-, el PNV vuelve a desplegar su celo protector sobre la izquierda aberztale, que tiene serias posibilidades -esta vez parece que sí- de quedarse fuera de la disputa electoral; una ausencia sin precedentes en las autonómicas, que le puede costar muy cara al partido del candidato a la reelección, Juan José Ibarretxe, que se verá privado de su incondicional aliado en la llamada construcción nacional.

Quién sabe. La única certeza al respecto es la de que ese vacío que van a dejar los proetarras es un jugoso pedazo de tarta electoral. Batasuna y las diversas marcas de los independentistas radicales suponen una bolsa de alrededor de no mucho menos de los 150.000 votos y las cañas ya se están desplegando con fruición sobre ese caladero. En virtud de la Ley de Partidos, la justicia viene laminando desde 2003 a la izquierda abertzale, dadas sus probadas conexiones con la organización terrorista ETA, y el entramado de los violentos se está desmoronando mazazo a mazazo judicial. La ruptura del alto el fuego y la consiguiente ofensiva terrorista no han hecho sino sepultar cualquier atisbo de negociación, aunque la hoguera de las dudas sobre las intenciones del Gobierno de tirar al mar la llave de ese candado no deja de ser alimentada por algunos sectores del PP.

El ascenso de los socialistas -que se visualizó nítidamente en las elecciones generales del pasado 9 de marzo, cuando las huestes de Patxi López fueron las más votadas en el País Vasco, un aldabonazo histórico- promete una batalla a cara de perro con el PNV por hacerse con el poder en la cita electoral de la primavera. Todo apunta a unos resultados muy igualados entre ambas fuerzas y el Euskobarómetro deja caer como fruta madura la reedición del viejo maridaje entre socialistas y nacionalistas, algo nada inédito por cierto, que ya han compartido las tareas de gobierno en Euskadi durante trece años (1986-99).

Pero esa desembocadura del río electoral fluye en un mar de dudas y la posibilidad de la coalición tiene una letra a la que no acompaña la música. Sólo hay que ver cómo se tiran los trastos a la cabeza PSE y PNV, aunque a la hora de la verdad -como a las de sacar los Presupuestos en el Parlamento de Madrid o en el de Vitoria- ambos se echan una mano. Toda una declaración de intenciones. O puro pragmatismo, según se mire.

El caso es que el PNV vuelve a mostrarse muy enojado por la exclusión de un segmento de la población vasca ante las urnas y que los socialistas le afean también montan en cólera. Así, el portavoz de la Ejecutiva del PSE-EE, Rodolfo Ares, replicó ayer a Urkullu que comete "una terrible equivocación" al oponerse a la aplicación de la Ley de Partidos y le preguntó si, con esta postura, su partido pretende que "quienes justificaron el asesinato de Isaías Carrasco o Ignacio Uría" puedan presentarse a las elecciones.

Ibarretxe se la juega y no se podrá permitir un nuevo patinazo como en las anteriores autonómicas, cuando perdió cuatro escaños y 150.000 votos. Su proyecto soberanista acababa de ser despachado -dos meses antes- sin contemplaciones por el Congreso pero se quedó muy lejos de la mayoría absoluta con la que soñaba el muy indignado lehendakari.

Los socialistas subieron y a lo largo de estos cuatro años se han consolidado como gran fuerza emergente.

Tienen garantizado el respaldo del PP para desmontar el andamiaje estructural de 30 años de nacionalismo, pero es dudoso que aúnen una mayoría suficiente para tomar el timón.

En todo caso, la campaña vasca se presenta apasionante y con un presunto vacío (el de Batasuna) reconfortante. Y problemático.

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