'Kale borroka' bajo mínimos

  • La presión de las Fuerzas de Seguridad, que han detenido a 90 personas en ocho operaciones policiales, ha logrado reducir drásticamente el número de ataques

Los actos de violencia callejera en País Vasco y Navarra han alcanzado de marzo a julio sus niveles más bajos desde que ETA declarase formalmente el fin de su alto el fuego en junio de 2007. Desde entonces se han cometido 222 ataques de kale borroka, de los que tan sólo nueve tuvieron lugar en el mes que acaba de terminar, según un informe de las Fuerzas de Seguridad del Estado, al que ha tenido acceso Europa Press.

En el verano de 2007 comenzó una estrategia contra los autores de los sabotajes que, a día de hoy, suma ocho operaciones policiales con un saldo total de 90 detenidos. Este impulso del Ministerio del Interior tiene un doble objetivo. Por una parte, acabar con la "impunidad" del terrorismo urbano y, por otra, acumular la mayor información posible para conocer a los futuros miembros de ETA y dificultar su salto a la banda terrorista.

Los jueces dictaron prisión incondicional contra 53 de los 90 detenidos en estos doce meses, casi el 60 por ciento. Además, la práctica totalidad de los que quedaron en libertad lo hicieron pagando una fianza o con medidas cautelares. Esta acción punitiva es "fundamental" para hacer desistir a muchos de los detenidos de continuar con la faceta clandestina de su militancia en la izquierda abertzale, según el análisis de los expertos antiterroristas. Veintisiete de los huidos a la acción policial decidieron entregarse más tarde en la Audiencia Nacional, siendo arrestados antes de que lo hicieran.

Tras la ruptura formal del alto el fuego por parte de ETA, el 5 de junio de 2007, la organización decidió activar al máximo el frente del terrorismo urbano. Si en los seis meses anteriores se habían registrado 17 ataques, en el segundo semestre se cometieron 138, según datos de la Fiscalía.

Sólo en julio, el mes siguiente al comunicado de ruptura, se sumaron 19 sabotajes. Desde entonces y hasta marzo de este año se sucedieron los altibajos. En agosto, descendió la cifra mínimamente, con 16 sabotajes, y en septiembre y octubre se disparó, con 23 y 36 respectivamente. En el primer mes de 2008 sufrió un fuerte descenso, sólo 10 ataques, pero al mes siguiente volvió a crecer hasta llegar a los 25 sabotajes.

A partir de entonces, no se han superado los 13 sabotajes mensuales, cifra registrada en mayo. Marzo fue el mejor mes, con 7 ataques del terrorismo urbano, seguido de abril, con 9, los mismos que el pasado julio. En mayo, fueron contabilizados 11 sabotajes.

La iniciativa policial comenzó el 10 de julio del pasado año. La primera operación tuvo lugar en Álava y en dos fases se detuvo a los seis presuntos responsables de una cuarentena de ataques con cócteles molotov. Pero fue en octubre cuando la Jefatura Superior de Policía del País Vasco pisó el acelerador y con la información recabada por sus Brigadas de Información se repitieron las operaciones en Vizcaya y Guipúzcoa.

En el operativo contra un Grupo Y que actuaba en la comarca vizcaína de Uribe Costa se detuvo a diez personas y se descubrió un zulo con todo el material necesario para la fabricación de cócteles-molotov. Pero el hallazgo más preocupante fue el de un manual titulado Txikitzaileak Txikitu (Destrozar a los que destrozan) en el que se impartían instrucciones para sabotear a las empresas implicadas en la construcción del trazado del Tren de Alta Velocidad vasco causándoles el mayor perjuicio económico.

Sin embargo, el frenazo a la comisión de sabotajes también ha reducido drásticamente los destinados a las empresas del TAV, tomando el relevo el complejo Vizcaya, que ha puesto varias bombas contra empresas adjudicatarias, la última el pasado fin de semana a la altura de Orio.

A pesar de esta drástica reducción en la comisión de atentados callejeros, todavía se producen estrategias de acoso violento como la sufrida por el concejal del PP Modesto Fernández, contra cuyo coche cuatro encapuchados lanzaron un cóctel molotov el 31 de julio.

En 1999, los cachorros de ETA le prendieron fuego al bar que regenta en el barrio bilbaíno de Santutxu.

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