"Estoy del lado de los jodidos, que cada vez somos más"

-¿Cómo llegó a la cooperación?

-Viví la efervescencia de la izquierda en los años 70. Algunos nos fuimos desencantando de la política y nos fuimos a trabajar al campo, con proyectos.

-¿Qué tipo de proyectos?

-Ayudábamos a las comunidades indígenas de la Sierra Norte. En San Andrés Yahuitlalpan, con poco más de mil habitantes, viví una experiencia que me marcó para toda la vida.

-¿Qué le ocurrió?

-Una mujer de parto murió mientras la trasladábamos a un hospital. Yo iba conduciendo la camioneta. Algo así te hace pensar que el mundo no marcha bien.

-¿Se sintió impotente?

-La aldea estaba al otro lado de un río, incomunicada en épocas de crecida. Había que atravesar un puente colgante y no había autobús, ni nada parecido. Era imposible llegar a la clínica en menos de dos horas.

-¿Ha vivido muchas de esas situaciones?

-Muchas, muchas. Me muevo por nueve países de América latina, sobre todo en zonas indígenas y campesinas. He visto la fuerza de la gente que cree que las cosas tienen que ser diferentes.

-¿Recuerda a alguien en especial?

-A un cura que trabajaba con gente que clasificaba basuras. Logró que le dieran un terrenito para una guardería en el basural. Como era tan pequeño, construyó un edificio.

-¿Usted lo visitó?

-Fui a visitar la obra y el cura me subió al tercer piso. Me decía: "¡Mira no más, qué hermoso se ve para allá!" Le dije que yo sólo conseguía ver un mar de basura y cositas moviéndose.

-¿Y qué le contestó él?

-Me contestó: "No seas pendejo, hay que mirar al horizonte, siempre al horizonte". Y es verdad que, a lo lejos, se divisaba el Popocatépetl, el volcán de México.

-¿Por qué se alejó de la izquierda?

-La izquierda perdió su perspectiva ética cuando se hizo política. Lo único que nos queda ahora es la ética, que es asumir la responsabilidad por el otro.

-No sé si le entiendo…

-Cuando estábamos en la izquierda decíamos: hay que tomar el poder para cambiar el mundo. Ahora sabemos que tomar el poder no resuelve las cosas.

-¿No?

-Hay que cambiar el mundo desde ahora, desde tu cotidianeidad. ¡Cuántos de nosotros no fuimos perfectos revolucionarios y, al mismo tiempo, perfectos hijos de puta con los compañeros!

-De ésos hay en todas partes.

-Si miras a Cuba o a los países donde triunfó otro tipo de sistema ves que se perdió el sentido ético de la relación humana.

-¿Usted cómo se define?

-¿Políticamente? Estando del lado de los jodidos. El mundo se divide entre los que están en situación de jodidos y aquéllos que producen esa jodidez. Lo que ocurre es que, cada vez más, los jodidos somos la mayoría de la humanidad.

-Unos lo están más que otros, ¿no cree?

-Incluso los privilegiados de los países de acá son víctimas de un sistema irracional, que favorece el aislamiento existencial y produce de sujetos mínimos.

-¿Mínimos?

-Sujetos que sólo aspiran a la satisfacción infantil de sus deseos, en medio del consumo.

-¿Lo suyo es un sacerdocio?

-Ése es el riesgo: que nos veamos como los nuevos revolucionarios y que los demás nos vean como la encarnación de unos sacerdotes que vamos a salvar a la humanidad.

-Pero están en la vanguardia.

-Ya no hay vanguardias. Como explica el pensador irlandés John Holloway, no podemos pensar que existen vanguardias, porque la idea de la vanguardia es muy iluminista.

-¿Hay una nueva filosofía de la cooperación?

-Tanto el norte como el sur deben reconocer que la relación de donación es asimétrica, entre el que tiene y el que no tiene. Esa asimetría puede dar lugar a perversiones.

-¿Qué perversiones?

-Kennet Bowlding lo define muy bien en La economía del amor y del temor. Cuando te doy, acallo mi conciencia para sentirme bien y hago de ti un pedigüeño. El poder lo tiene el que dona.

-¿Y cuál es la alternativa?

-Necesitamos saber reconocer esa asimetría para poder empezar a construir otro tipo de relaciones entre el norte y el sur, de igual a igual.

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