"Mas ahora es más débil ante Cataluña y Madrid"

-Dicen que sabe mucho de ecuaciones. ¿Le sirve para descifrar los siete grupos con representación parlamentaria en Cataluña?

-Tiene una solución de análisis matemático elemental. Aquí hay dos hipótesis: una, o pacta con ERC, que es tradicionalmente chica para todo; dos, en los grandes temas de la economía pactará más tarde o más temprano con el Partido Popular. Lo más significativo no es el resultado. Artur Mas ha ganado administrativamente, pero no políticamente. Pedía una mayoría excepcional, palabra bastante inquietante en política, y no la ha obtenido, con lo que hoy es más débil ante su partido, ante Cataluña y ante lo que allí llamamos Madrid.

-¿Qué le dice el Barça líder y el Espanyol colista?

-No veo la simbología.

-¿Cuándo se va a Cataluña?

-En 1965, recién terminada la mili. Yo nací en el Albaicín, mi madre y mi padre trabajaban en Granada. Al morir mi madre, me acogió mi tía, a la que yo le decía mamá y estaba casada con un maestro confitero muy famoso en Granada, Ceferino Ysla, inventor de los piononos. Mi infancia pasa en Santa Fe.

-¿Y por qué se va?

-La verdad es que yo no soy un emigrante convencional. Vivía en una familia muy estructurada, mi padre adoptivo era el hermano mayor y pater familias de un próspero negocio donde no había problemas económicos. Pero en mi afán de aventura, de ir a un sitio distinto, me marché a Barcelona.

-¿Dejó la confitería?

-Empecé a trabajar en artes gráficas. Una empresa que hacía cajas de cartón. Imprimíamos los sobres de las cajas de cartón para las medias y el género de punto de Mataró. Hacíamos las etiquetas de las cajetillas de Ducados y de Codorniú y Cinzano.

-Se afinca en Mataró, la patria de la rumba...

-La patria de la rumba era el barrio de Gracia, en Barcelona. Es verdad que en Mataró vivía el rey de la rumba, Peret. Yo fui vecino de su padre, al que le dedica la canción Mig amig (medio amigo).

-En Sevilla, donde cayeron tres sindicalistas (Soto, Saborido, Acosta), dicen que los catalanes se salvaron del proceso 1001 porque llegaron tarde a la cita...

-Todavía sigue esa batalla estúpida que repite no poca gente. A nosotros no nos detuvieron porque mi maestro Cipriano García se olió la tostada y no nos presentamos a la cita; es injurioso decirlo. Cipriano, militante de larga y acendrada estirpe, era inconcebible que llegara tarde a una reunión. Se lo he contado mil veces a Eduardo, pero no hay manera.

-¿Desmantelaron al sindicato?

-Más que desmantelamiento, fue un rasguño. Cipriano se hizo cargo de la dirección nacional y yo en Cataluña.

-¿Qué cuenta en el libro Cuando hice las maletas?

-Fue un encargo, porque yo soy partidario de que hay que escribir las Memorias cuando uno no se acuerda de nada. Pero me lo pidió Josep Maria Castellet, gran pope de la literatura catalana y de la industria editorial y conté el contraste y el estupor de un joven de un medio rural que llega en el Catalán, el tren de los andaluces, a un lugar donde descubre un paisaje urbano, un paisaje industrial distinto. Son los seis primeros meses del descubrimiento de una ciudad distinta y una lengua distinta que se hablaba en la calle, en las oficinas y en los bares. Es un juego de espejos entre Santa Fe y Mataró.

-Cuando ya se ha ido Kubala y aún no llegó Cruyff...

-Tampoco jugaba Ramallets. Siempre había andaluces en la defensa del Barcelona, primero Gallego, después Migueli.

-¿Siguió en las artes gráficas?

-Hasta mi primera detención, 28 de octubre de 1967, que me costó dos años y medio de cárcel. A partir de ahí trabajé en la construcción y donde podía porque estaba en todas las listas negras a las que me sometió la burguesía catalana, no pocos de ellos hoy convergentes de pro, todo hay que decirlo.

-En Santa Fe se firmaron las Capitulaciones...

-Abril de 1491.

-¿Usted llegó a sentirse como aquellos desterrados de la Granada nazarí?

-No creo que yo tuviera una vida tan áspera y tan dura. Me detuvieron dieciocho veces, lo cual no quiere decir nada, quiere decir que tuve poca vista.

-¿Vio en Barcelona la ciudad de los prodigios, de Eduardo Mendoza?

-No, porque quieras que no ya la había visto cuarenta mil veces en el No-Do. Sin embargo, la gran sorpresa fue Mataró. Una ciudad donde había de todo: grandes almacenes, restaurantes de postín, y el trajín de la ciudad industrial, la ciudad del trabajo como la llamó mi maestro Bruno Trentin en un libro que he traducido. Me impresionó la cantidad de asociaciones: filatélicas, ajedrecísticas, científicas, deportivas, amigos de las Naciones Unidas, Juventudes Musicales. De eso hablo en el libro, del paso de una ciudad agraria como Santa Fe, hija del concilio de Trento, a Mataró, ciudad del trabajo calvinista, con grandes empresas textiles de más de mil trabajadores, hoy ya arqueología pura, las catedrales del trabajo fordista que no existen.

-¿El voto andaluz se mima en Cataluña como el hispano en EEUU?

-No conozco estudios al respecto. Por lo que recuerdo, salvo oportunistas visitas a peñas flamencas y casas regionales no ha habido una atención específica a lo que Candel llamaba els altres catalans. Salvo experiencias como la del Partido Andalucista, que tuvo una vida efímera en Cataluña.

-¿Se le notaba al president Montilla la raíz andaluza?

-No se puede decir que Montilla se comportara como un andaluz, sino como un dirigente político de raigambre socialista. Nunca ha hecho exhibicionismo andaluz reclamando el voto. Ha tratado a todos por igual. Salvando las distancias, es igual que Obama, que no exhibe su negritud, con la diferencia de que Obama se le veía que es negro y Montilla puede ser de cualquier sitio.

-¿Le mandaban libros a la cárcel?

-El Manual de Lógica Matemática de Manuel Sacristán, libros de Ramón Trías Fargas y sobre todo Manolo. Vázquez Montalbán me llamaba el enviado de Verdi en la tierra. Sabía que me gustaba mucho la ópera y aparezco en alguna de sus novelas, como El pianista discutiendo con izquierdistas que dicen que la ópera es una cosa de la burguesía.

-¿Se hizo del Barça para acelerar su integración?

-Ya lo era en Granada cuando jugábamos con las chapas que tenían las camisetas de los futbolistas. Las del Barça eran más estridentes. Influyó que César, al que ha superado Messi y le decíamos el Pelucas, jugó en el Granada cuando hizo la mili. Pero sobre todo por Kubala, que para los niños fue un mito hasta que llegó Di Stéfano como un huracán. Por cierto, había un locutor de Radio Sevilla, la que oíamos en el viejo aparato Emerson de mi casa, en el Marcador Simultáneo Dardo, Juan Tribuna, que era el único que pronunciaba correctamente Kubala, esdrújula. Todos los demás, hasta los hijos de Kubala, lo dicen mal.

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