"A Truman Capote le gustaba bailar como si fuese un mimo"

-Decoró la casa que Audrey Hepburn y Mel Ferrer compraron en Marbella e hizo excursiones con ellos, ¿era la diva de 'Desayuno con diamantes' tan frágil como parecía?

-En absoluto. Era divina, tenía un corazón inmenso y además aprendió a hablar español con vocablos del pueblo llano. Le encantaba ir a la terraza de la cafetería Marbella para mezclarse con la gente. Era una mujer religiosa con principios profundos, pero muy abiertos.

-¿Quiere decir que tenía sus creencias pero no la cerrazón en la que continúa instalada la Iglesia española?

-Exacto. De todos modos, esa Iglesia tan convencional cada vez es más reducida en España porque la gente se ha abierto más, aunque los obispos siguen sin dar tregua.

-¿Fue Marbella la heredera de esa Tánger de los años 40 y 50 donde coincidían las fortunas millonarias más inquietas con los creadores de vanguardia?

-Sí, porque mucha de esa gente fabulosa fue trasladándose aquí cuando Tánger logró la independencia y parte de ese espíritu continuó.

-En las últimas películas que se han realizado sobre Truman Capote aparece como un hombre atormentado y descreído, ¿era así el hombre que conoció usted?

-No era tan complicado como dicen, era divertidísimo y surrealista. Cantaba y bailaba muy bien, le gustaba hacerlo como si fuese un mimo o una cosa etérea.

-En esas reuniones tangerinas que cada noche tenían lugar en el Café Fuentes del Zoco Chico tampoco faltaba Tenesse Williams. ¿Cómo recuerda al autor de 'Un tranvía llamado deseo'?

-Pues con un sentido del humor muy profundo que a veces parecía latino. Lo que quiero averiguar ahora es si realmente nos incluyó a mi amigo Emilio Sanz y a mí en su libro Camino real. Tenesse nos contó que sí pero nunca supe descifrarlo. Se lo diré a mi amigo Juan Manuel de Prada que es un genio para esas cosas.

-¿Y al autor de 'El cielo protector', Paul Bowles?

-Era muy enigmático y romántico. Llevaba una vida solitaria en su casa, tendido en unos sofás con cojines y vestido con kaftanes, chilabas y todos esos jaleos. De todos los intelectuales de su tiempo fue el que más tardó en comprometerse con la izquierda durante la Guerra Civil española. Pero mi compromiso es con su esposa Jane Bowles, a la que quiero que se le haga un homenaje en el cementerio de Málaga donde está enterrada.

-¿Es tan anarquista como parece?

-Siempre he sido muy liberal porque mi familia lo era, aunque yo soy el que más ha simpatizado con la izquierda. Mi bisabuelo hizo todo lo posible por abolir la esclavitud en Marruecos.

-¿Qué supuso la llegada de Jesús Gil a Marbella?

-Un horror, un horror… Fue un personaje nefasto para Marbella. Se perdió una época porque personajes como Sean Connery empezaron a huir. Mucha gente hizo lo mismo que él y eso será muy difícil de recuperar ahora por el cambiazo que ha dado la sociedad.

-¿Los ricos también han ido cambiando?

-Antes eran totalmente ilustrados, eran mecenas del arte a los que les gustaba ayudar a los artistas. Para ellos lo primero era financiar los ballets o las compañías de teatro. Ahora los que tienen el dinero, las nuevas generaciones de ricos, sólo hacen ostentación de él.

-¿Cómo se vivía la homosexualidad durante el franquismo?

-En Marbella fue distinto porque había un sector totalmente abierto. Ayudó mucho en eso una colonia inglesa que hubo muy avanzada y rompedora. En Tánger sucedía lo mismo, no había ningún tipo de prejuicio porque era algo muy natural.

-Pero los artistas españoles que lo eran si que lo tenían bastante complicado.

-Eran muy pocos los que lo declaraban públicamente. En personajes como Antonio El Bailarín influía mucho el qué dirán español. Eso los atrapaba socialmente. De todas maneras, tengo la teoría de que en Andalucía es más fácil de llevar la homosexualidad porque la mujer de aquí lo comprende perfectamente. Eso lo pude ver durante años en El Rocío.

-Entonces ya tenía otros referentes como Jean Cocteau, que habían creado una estética y cultura gay.

-Lo conocí en 1954 en casa de Luis Escobar cuando para mí ya era un mito. Esa noche también apareció María Félix descalza y vestida con un traje de Dior. Estaba en España porque Cocteau le estaba escribiendo el guión de La corona negra.

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